EL CAIRO.- El grupo insurgente jundalá de Irán anunció la selección de un nuevo líder luego de la captura de su fundador a manos de las fuerzas iraníes, según documentos publicados en su sitio de internet.
La insurgencia de jundalá, que argumenta que su lucha es por la igualdad de derechos para la minoría suní en el sureste de Irán, designó a al Haj Mohamed Dhahir Baluch como su nuevo dirigente.
"El movimiento es más que su líder", decía el comunicado publicado en árabe el sábado.
"Continuará su camino de yihad (guerra santa) con determinación y voluntad hasta la última gota de sangre".
Una versión previa del comunicado apareció en persa el viernes, también en el sitio. El comunicado se refiere al "doloroso acontecimiento" de la captura del ex líder Abdulmalik Rigi ocurrida el martes, pero dice que todas las tribus de Baluchistan se han comprometido a aliarse con el nuevo líder.
En un comunicado anterior en el que reconocía la captura de Rigi el miércoles, jundalá dijo que la inteligencia de Estados Unidos, Afganistán y Pakistán tuvo un papel importante en el seguimiento de las operaciones de Rigi.
Irán dijo que no contó con la ayuda de ningún otro país para lograr la captura e incluso acusó a Estados Unidos de apoyar al grupo insurgente.
Sin embargo, el embajador de Pakistán en Teherán, M. B. Abbasi, dijo que la captura de Rigi no podría haber ocurrido sin la ayuda de su país.
Jundalá se ha adjudicado la responsabilidad de ataques con bombas que han matado a decenas de personas en los últimos años, incluyendo a cinco importantes comandantes de la Guardia Revolucionaria Iraní en octubre de 2009.
El grupo, que Irán acusa de tener vínculos con al-Qaida, cobró notoriedad hace seis años después de que comenzó una campaña de ataques y secuestros. Sostiene que la minoría suní de las tribus del sureste de Irán sufre discriminación a manos del gobierno iraní chií.
Riji ha dicho que jundalá no busca separarse de Irán, pero que la violencia es necesaria para atraer la atención ante la presunta discriminación.
Irán ha acusado a Estados Unidos y Gran Bretaña de apoyar a los insurgentes como una forma de debilitar a Teherán, una acusación que niegan ambas partes.