MIÉRCOLES, 22 DE MAYO DE 2013
 
 
BC

reflexión Dominical

Jesús la verdadera riqueza

Por Antonio FERNANDEZ

Publicado (Edición impresa)

…”Porque lo que entre los hombres es altamente estimado, a los ojos de Dios es abominable”… (Lc. 16,15)

El mandamiento dispuesto por Dios, y dado a conocer por su divino Hijo Jesús al mundo lo proclama al decir;…

“Amarás al Señor Tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu fuerza y con toda tu mente y a tu prójimo como a ti mismo”…

Ha quedado legislada por Jesús la presencia de Dios para siempre en los cielos, en la tierra y en todo lugar del universo infinito y principalmente, en todos los seres humanos que han venido y vendrán al mundo por obra y gracia de Dios y con ello es y será en la vida terrestre su presencia en cada alma, para disponer en favor del alma arrepentida de corazón a su fin primordial, el de concederle los medios de salvación eterna. Por ello manda y dispone hacia Él la total fidelidad de las almas, para que amándolo y sirviéndolo atesoren bienes en el cielo en todo momento de su corta vida terrenal. Punto vital en las almas es guardar hacia su Creador la fidelidad que siempre debe ser y se merece.

Uno solo es el camino para que cada alma afiance su fidelidad al Creador en todos los ordenes de la vida: arraigado por la fe, evitará descaminar lo que el alma a caminado hacia Jesús, teniendo en el corazón y la mente la existencia de un solo Dios, Señor y Padre Nuestro, creador y redentor, cuyo anhelo es la salvación de las almas, por otra parte el tentador lucha por hacer de las almas sobre las que ve fáciles, se ejercita empeñoso a convertirlas en viciosas, inmorales y disolutas entre otras tantas caídas para enseñorearse de ellas, es en este cuando la palabra de Jesús se convierte en una gota de agua que necesita el alma para reanimarse y continuar su camino en el desierto de la vida por eso dice;…”Porque mi yugo es excelente; y mi carga liviana”…

Jesús como Hijo de Dios, pone a la vista los bienes positivos que conducen a la gloria eterna, siempre y cuando se crea en Él. El yugo es para la carne mala, a la que le pesa todo cuanto le sucede, que hasta dice”Parece castigo” Pero no es yugo para el espíritu.

El Evangelio no es un yugo, es el conjunto de reglas emanadas de Dios Padre, razón por el que es profundizar con fe en ella con el afán y el anhelo de ahondar en cada una y al repasarla y desmenuzarla, se descubrirá en su contenido el mensaje del amor mas sublime, que Dios como nuestro Padre nos entrega a través de su Amado Hijo.

Al irse introduciendo la persona en el Evangelio se le ira revelando y demostrando la obra de Dios, y de su corazón nacerá la pasión, recapacitando que ha perdido tanto tiempo en las cosas triviales del mundo, pero ahora empeñoso porque desde ese momento ha emergido de su interior, el deseo de apegarse al caudal de valores espirituales que en su pasado no vio y ahora dispone su alma, a convertirse en el dulce yugo de Cristo. La iniquidad obra como enemigo al acecho del alma, no lo hace abiertamente, porque siendo sutil, habrá se introducirse en las debilidades humanas, a las que acicala, su lucha es en toda hora y momento de cada día, sin perder el objetivo el tentador de apoderarse del alma, las acechanzas no cesarán, vienen una y otra, daría la impresión que estamos frente un animal feroz, que caídos al suelo no tenemos defensa contra ese ataque, pero la fe en Dios concede infinitos medios y bienes de defensa para fortalecer el alma y el corazón del pecador, de donde surge la fuerza espiritual que lleva a vivir la alegría del alma al sentirse atraído, percibiendo se encuentra en el camino a Jesús, por lo que los artilugios del tentador al intentar embelezarla o tender sus redes como hacen las arañas para paralizar el insecto, el al paralizar el alma, pero será una y otra vez vencido.

Jesús previene los corazones cuando dice;…”Por lo cual Yo os digo, granjeaos amigos por medio de la inicua riqueza, para que, cuando ella falte, os reciban en las moradas eternas”…Cada uno es responsable de su alma y de su cuerpo como bienes entregados por Dios, al hacerlo nos convertimos en administradores del Señor, y por ello se dará cuenta al final de la vida, sobre lo que se realizo, se dejo de hacer y las causas por las que pospusieron tantos bienes que por voluntad del Señor fueron entregados cuando se solicitaron y muchos mas de los que no hubo una voz que los solicitara. Al no llevar adecuadamente la administración por dedicarse a cosas diferentes, conduciendo alma y cuerpo por caminos contrarios a lo dispuesto por el Señor, merecerá ese administrador ser despojado de todo, porque las riquezas materiales a las que se ha dedicado el mal administrador, fueron obtenidas por medios ilícitos, nos dice el Señor: deben ser restituidas a sus dueños, porque vienen de adulterar y falsear al prójimo con engaños otras corruptelas para hacerse de los bienes ajenos, a los que el tentador insita multiplicar. ¿Como se obtienen estos medios en forma que contraria al mandamiento de Jesús?

Por el uso que de este disimulo se hace de ellas, el alma se aleja de ser recibida por el Señor. A fin de que el alma reaccione de su mala conducta, la invita a recapacitar cuando dice;…”El fiel en lo muy poco, también en lo mucho es fiel”…

Escuchamos de labios de Jesús una promesa suave y delicada que nos motiva hacer “Lo muy poco” si en realidad lo hacemos. Con ello nos esta diciendo que ese poco se convertirá en mucho y no le importa a mi Padre la cantidad que realizas, sino el espíritu con que obras para Él. En el (Sal. 4,23) El profetiza la razón a la palabra que Jesús dirá;…”Guarda tu corazón con toda custodia, porque de él procede la vida”…

Es decir el alma y el corazón son el principio y fin de donde proceden los bienes o nuestra mala moral, que Jesús en el mundo lo ha especificado y lo cumple con la profecía cuando dice;…”Del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias”…Habremos de conservar nuestra permanencia en gracia purificado nuestro corazón, porque dice será mas accesible a la vida espiritual, y a la virtud, por ello dice;…”Y quien en lo muy poco es injusto, también en lo mucho es injusto”…

Nos dice con ello que las riquezas están muy lejos de adquirirse para ayudar al necesitado o dar limosna, mas bien la codicia lleva al atesoramiento de bienes de toda índole. He aquí el error del ambicioso, escatima hasta el mínimo centavo, ya que perderlo es gravísimo, es no conservar la riqueza efímera que posee y con celo protege, de ninguna forma se compara a las riquezas que Dios tiene para los suyos; el perdón de los pecados, la gracia, los dones del Espíritu Santo y en su momento la gloria eterna, esto y mas es lo que comprende la promesa de Jesús, por eso los ambiciosos siendo indignos de ellas, son también de las cosas del mundo, por eso el participar de los bienes celestiales es para ellos: nada, por eso dice Jesús;…”Si, pues, no habéis sido fieles en la riqueza inicua; ¿Quién os confiará la verdadera?”…

En las cosas del mundo, cuando el hombre ha sido infiel a una causa, trabajo, esposa, amigo, negocio y la responsabilidad que llevaba, aparte del castigo o sanción merecidos por los delitos cometidos, con que lo sanciona el mundo, pierde la simpatía, la confianza, la honorabilidad, y según la gravedad, nos dice Jesús;…”En verdad te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo”…

Así sucederá cuando sea denunciado, sobrevendrá el castigo a causa de los errores que cometió, pagando sea con dinero o cárcel y no habiendo marcha atrás, se cumple o se cumple, aparte de ser señalado de una y mil cosas, sean verdad o mentira hacen de él como dice el refrán; ”Del árbol caído todos hacen leña” Volver a confiar en una persona así, ¡Imposible!

Existe el temor fundado por su conducta de que volverá a caer en la infidelidad. Es similar al hombre que desprecia los dones recibidos de Dios, y que una y otra vez vuelve al Señor movido por su conciencia y arrepentido, va a Él quien lo perdona y concede mas bienes para fortificar su alma, pero vuelve una y otra vez a caer, entre mas cae, va mas al abismo, hasta que su corazón endurecido no responde, porque esta cerrado a la voz de Jesús y angustiado por ello habrá momentos en que se pregunte;…

Con que cara iré al Señor, si voy a pedirle perdón, ya no me lo concederá otra vez, después de tantas veces de haberme ayudado, he menospreciado su voluntad y me ve que no abandono lo que le he prometido y he vuelto a caer;... El alma ha perdido la fe, el temor y el miedo impuesto por el tentador, que no permite vislumbrar la misericordia de Cristo siempre dispuesta;…”Y si en lo ajeno no habéis sido fieles, ¿Quién os dará lo vuestro?”…

Nos dice Jesús…Te he entregado alma y cuerpo, a uno y a otro los has corrompido y con tus inclinaciones malsanas y amorales, a ambos las has llevado a la ruina espiritual; ¡Te las di para que multiplicaras en ella mis bienes, gracias y dones! Cada alma que viene a este mundo esta destinada a recibirlos para llegar a mi y de mí a mi Padre, la que te he entregado la has perdido; ¿A quien recurrirás entonces para recuperarla? Nadie en el cielo, la tierra y universo podrá hacerlo y mas, porque no existe confianza por la infidelidad hacia tu Creador, además tampoco se cree en tu arrepentimiento, en tus promesas, tus angustias y lagrimas, ¡Solo Yo podré hacerlo! El tentador se apodero de tu alma y corazón, ahora ya no tienes la fuerza espiritual para decirme; ¡Perdóname Señor Mío y Dios Mío!

Define el Señor como habrá de ser eternamente y en todo el tiempo de vida que las almas vayan hacia Él, al decir;…”Ningún servidor puede servir a dos amos, porque odiará al uno y amará al otro, o se adherirá al uno y despreciará al otro: no podéis servir a Dios y al demonio”…San Ambrosio Doctor de la Iglesia, nos da una explicación que no deja lugar a duda;…”Porque no hay mas que un Señor, que es Dios; porque cualquier otro no puede ejercer los derechos de un verdadero señorío, sino sólo imponer el yugo de una ominosa (odiosa) servidumbre; con todo, a la riqueza sirven muchos como si se tratará de un verdadero Señor”…

Es el servilismo de ver si me cae alguna monedita y las consecuencias de la infidelidad en las almas son graves, creando en ellas por la dureza de corazón; las injusticias; la avaricia callada; la ambición desmedida, y las consecuencias de los males personales y sociales; oprimir a los débiles; el orgullo y ostentación de la vida que han llevado. La riqueza que el Señor ha entregado a cada alma es para administrarla. Pero la riqueza más importante es la espiritual, la más valiosa herencia que en vida nos entrega el Señor, es el denario para multiplicar las ganancias. Esta realidad para quien tiene basta fuerza económica, hace lo que la avaricia no le permite, mirar sus bienes no como cosa propia, que de ninguna manera considera a los bienes materiales que Dios le ha puesto en sus manos para administrarlas. ¿Entonces por qué despreciar al pobre, al desvalido o al necesitado de ayuda? Ayudar no cuesta nada, pesa hacerlo y al final nada se da; ¿Entonces donde queda el buen deseo de no despreciar los que acuden a ser socorridos?

En la pose de que hizo el esfuerzo, pero no quiso hacer algo. Jesús nos deja la enseñanza para que modifiquemos la conducta, haciéndonos ver que el que tiene, necesita del que no tiene y deben trabajar uno para el otro hasta fincar una amistad. Dios podría no haber permitido la desigualdad que existe en el mundo, sino que quiso que el que tiene dependiera de su voluntad dar o no dar: quiso hubiera ricos y pobres, para que estos contribuyeran a la salvación de ellos mismos. Jesús al referirse que el reino de los cielos pertenece a los pobres y entendiéndose que únicamente estos entraran en él, es importante entender que el Señor no se refiere a los ricos y pobres del mundo, sino a toda alma que sea pobre de corazón y de espíritu al que Nuestro Señor le asistirá en el banquete celestial.

hefelira@yahoo.com

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