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EL MEXICANO

Pedofilia y pederastia

por Armando MAYA CASTRO
1/9/2019 7:11:00 PM
Por Armando Maya Castro
Las palabras que dan título a mi columna son distintas, a pesar de que varios periodistas y escritores las han utilizado como equivalentes o sinónimos. La diferencia es de procedencia, de carácter etimológico y lingüístico, así como de significado.

Adriana Guevara Paniagua escribe sobre esta confusión y señala que “el problema radica en que ambos términos se han usado sin distinción en el lenguaje informal, siendo que en el inconsciente colectivo ambas palabras han llegado a significar lo mismo. Aún cuando explícitamente no son equivalentes”.

La pederastia es un delito grave, que consiste en abusar sexualmente de los menores; empieza siendo pedofilia, pero no todos los pedófilos se convierten en pederastas. Un pedófilo que transita de la pedofilia a la pederastia es aquel que va más allá del deseo y de la atracción y se sitúa en el terreno del abuso sexual en agravio de menores, que incluye tocamientos, exhibicionismo, desnudez, sexo oral y, en muchos de los casos, penetración. Como bien sabemos, estas prácticas delictivas ocasionan traumas psicológicos que afectan de por vida a las víctimas y a sus familiares.

Conviene dejar en claro que un pedófilo no siempre transitará de la pedofilia a la pederastia, aunque es probable que algunos de ellos sí lo hagan. Así lo indica una investigación que realizó en 2002 la Clínica de Comportamiento Sexual de la Universidad de Toronto, de acuerdo con la cual el “44 por ciento de los pedófilos estudiados se volvieron pederastas al entrar al rango de edad que va de los 40 a los 70 años, aunque es importante señalar que no todos los pederastas son necesariamente pedófilos”, refiere el estudio.

Margo Kaplan, profesora de la Facultad de Derecho de Rutgers (EE.UU), considera que “la pedofilia es una condición y no un acto”. En un artículo de su autoría, publicado en The New York Times, en 2014, la académica antes mencionada señala que “se puede vivir con pedofilia sin actuar en consecuencia”.

A diferencia de la pederastia, la pedofilia no puede ser considerada un delito si se queda en el terreno del deseo que sólo el pedófilo conoce. Habría delito que perseguir y sancionar si la atracción avanza y desemboca en un atropello contra el menor; si no avanza y todo queda en una mera atracción, no podrá ser sancionada debido a que no hay víctima que reporte daño físico y psicológico. Como fue un deseo personal interno, no habrá manera de demostrar que el pedófilo tenía dicha atracción.

“Por norma general, todos los pederastas son pedófilos pero no todos los pedófilos tienen porqué ser pederastas”, señala de forma contundente un artículo publicado en la revista Muy Interesante.

Manuel Avilés Gómez habla sobre este punto en su libro Delitos y Delincuentes (ECU 2010). Luego de explicar que pedofilia es deseo de un adulto hacia niños o adolescentes, señala que "una cosa es sentirse atraído por menores y la otra es consumar una práctica abusiva. Resulta por tanto evidente que se castiga (y así lo recoge nuestro Código Penal) la pederastia pero no la pedofilia", anota el escritor.

Otro de los autores que se ocupa del tema es Francisco Javier Elizari, quien nos proporciona algunos apuntes interesantes sobre el término "pedofilia", “muy empleado por la psicología y la psiquiatría, pero poco mencionado en los códigos penales y en la literatura jurídica. Para psicólogos y psiquiatras ‘pedofilia’ es la atracción sexual hacia menores de edad (prebúberes), en forma de fantasías, impulsos, conductas sexuales", explica Elizari, citado por José Silvio Botero Giraldo en su libro Cuestiones éticas: un aporte teórico-práctico para los pastoralistas.

En conclusión, la pedofilia es una parafilia que no desemboca siempre en un abuso sexual en agravio de la integridad física y psicológica de los menores. Cuando esto último pasa, estamos ante un caso claro de pederastia que debe perseguirse y ser sancionado con todo el rigor de la ley, algo que no se ha hecho con muchos abusadores sexuales infantiles, entre los que se cuentan profesores, padres de familia, entrenadores y miles de sacerdotes católicos alrededor del mundo.

Hoy sabemos que uno de los mayores ejemplos de impunidad en relación con el tema lo tenemos justamente en México. Hace unos días se supo que el Vaticano ocultó la pederastia del sacerdote Marcial Maciel Degollado, fundador de los Legionarios de Cristo. Esto lo dio a conocer recientemente la revista Vida Nueva, que entrevistó al prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada, el cardenal João Braz de Aviz, quien ha dicho que, desde 1943, el Vaticano tenía documentos que acreditan las denuncias de abuso sexual contra el religioso michoacano. En dicha entrevista, el purpurado admitió que el legionario mayor fue investigado entre 1956 y 1959, y añadió, queriendo exonerar al Vaticano: “Quien lo tapó era una mafia, ellos no eran Iglesia”.

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