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EL MEXICANO

“Mi lucha es con amor ”: Apóstol Naasón Joaquín

por Armando MAYA CASTRO
9/17/2018 7:46:00 PM
Los fieles de La Luz del Mundo abarrotaron este 15 de septiembre el templo sede internacional de esta Iglesia, un lugar dedicado a la gloria de Dios, desde donde el Apóstol de Jesucristo Naasón Joaquín García expresó su alegría por el cumpleaños de la hermana Eva García, ocasión que aprovechó para dirigir un mensaje doctrinal a a la Iglesia universal esparcida en 58 naciones de la tierra.

Previo a la presentación del Ungido de Dios, el pastor evangelista Rigoberto Mata Medina expuso el tema de la honra, destacando en el desarrollo de este el ejemplo de vida de la hermana Eva García, una mujer que, desde su más tierna infancia, ha sabido honrar con sus sentimientos, pensamientos y virtudes al pueblo de Dios, quien este 15 de septiembre retribuyó su virtuoso, recto y ejemplar proceder con una honra que fue autorizada por el Enviado de Dios.

Al término de esta explicación, que de principio a fin tuvo sustento bíblico, el Ungido de Dios hizo su esperado ingreso al templo. A su paso, escuchó las voces de una multitud que le recibió con muestras de fe, amor y reconocimiento, expresiones a las que él correspondió con su bendición.

Hoy yo vengo con alegría, y sé que, si este templo se encuentra lleno, al igual que las calles de Hermosa Provincia, es porque sabéis que su hermano Naasón se alegraría con Dios por el año de vida que le concede a nuestra hermana Eva García. Y vosotros que me amáis dijisteis: “también queremos alegrarnos con él”.

Con palabras fervientes y cargadas de emoción, el Apóstol de Jesucristo dijo que, a un mes y un día de la celebración de la Santa Cena el pasado 14 de agosto, la Iglesia de Cristo se encuentra con su copa rebosante de amor y alegría, libre de odios y de sed de venganza.

Añadió que la verdadera fe de Dios que se funda en la palabra proporciona firmeza espiritual al hombre, de tal manera que éste puede expresar convencido: “ni vientos ni turbión podrá apartarla, porque el amor de Cristo mora en mi alma”, señaló el Ungido de Dios al dar realce a la alabanza que la Iglesia entonó a Dios luego de su llegada al templo.

Tras preguntar ¿qué es el amor de Cristo?, el Apóstol Naasón Joaquín respondió que el amor es nuestra alegría, felicidad, consuelo, seguridad y protección. Calificó dicha virtud como uno de los frutos del Espíritu, acerca de los cuales explicó: “solamente se manifiestan cuando el Espíritu de Dios está en nosotros. Si el Espíritu de Dios no está en nosotros, esos frutos -los del Espíritu- no se pueden manifestar”.

Formuló entonces la siguiente pregunta reflexiva: ¿cuáles son entonces los frutos de la carne? Y respondió su interrogante mencionando algunos de estos frutos: odios, iras, contiendas, pleitos, corajes, desprecios, venganzas, así como los demás sentimientos carnales que puede tener todo el mundo por no morar Dios en ellos.

Recordó el proceder de los judíos que en el tiempo de Cristo intentaron demostrar en vano la autenticidad y legitimidad de su linaje: “Nosotros hijos de Abraham somos”, le dijeron presuntuosamente quienes buscaban desvirtuar la Obra de Dios, recurriendo a acusaciones sin sustento, que procuraban falsear el limpio proceder del Hijo de Dios. Él, en lugar de intimidarse o dejarse impresionar por sus palabras y maniobras, los desenmascaró y exhibió públicamente, presentándolos al pueblo no como hijos de Abraham, sino como “hijos de vuestro padre el diablo”, les rebatió.

Aquellos judíos sólo podían probar que eran simiente de Abraham en lo humano, no en lo espiritual, pues, si lo hubieran sido, “las obras de Abraham haríais”, les dijo con firmeza el Señor Jesucristo, quien tiempo después corroboró el satánico linaje de aquellos hombres, justo en el momento en que, con saña y odio, pedían a Pilato: ¡crucifícale, crucifícale!

A continuación, dijo: “un hijo de Dios no puede sentir odio, ni rencor, ni coraje en contra de su prójimo”. Tras esta contundente afirmación apostólica, exhibió ante su pueblo el arma espiritual con que lo defiende de sus enemigos: “Mi lucha no es con odio, desprecio o venganza; mi lucha es con amor”.

A semejanza del tiempo de Cristo, “algunos pelean con coraje en contra de su hermano; combaten con odio en contra de la Iglesia y de la Obra que ha sido manifiesta al mundo entero, queriéndola opacarla con insultos, pero nosotros no responderemos como ellos, sino con amor”.

En otra parte de su explicación, el Apóstol de Dios pidió a la juventud honrar a la Iglesia en todo tiempo y circunstancia, principalmente en la etapa de noviazgo, para que ésta pueda honrarles en la celebración de sus matrimonios, como honra también a los obreros que se distinguen con su trabajo en pro del engrandecimiento del pueblo de Dios.

Al final de su presentación honró conforme a la voluntad de Dios a la hermana Eva García, permitiendo a la Iglesia honrar a una diaconisa de la Iglesia que ha sobresalido por sus virtudes y acciones en beneficio de los desvalidos y hermanos de escasos recursos.

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