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Lo que olvidamos el día del niño

por Armando MAYA CASTRO
5/1/2018 8:33:00 AM
Ayer se celebró a lo largo y ancho de nuestro querido México el Día del Niño, un festejo que comenzó a realizarse en 1924, “en respuesta a una resolución tomada en Ginebra”. El general Álvaro Obregón Salido, quien instauró el 30 de abril como la fecha oficial de la celebración en honor de los niños, era en ese tiempo presidente de la República, y José Vasconcelos Calderón, Ministro de Educación Pública.

De entonces a la fecha, el último día del mes de abril se consiente con amor a los pequeños y “se organizan actividades culturales y de entretenimiento para promover el bienestar y los derechos de los niños”.

Esto último, que debería ser lo más importante de la celebración del Día del Niño, es lo que penosamente muchos de nosotros hemos olvidado o dejado en segundo plano. Se trata de un olvido del que no podemos responsabilizar exclusivamente a las autoridades de gobierno, sino también a los padres de familia y a los maestros, responsables mutuamente de la instrucción y educación de los niños.

El problema es que la fiesta, la comida, los regalos, los juguetes, los dulces y los paseos nos han hecho olvidar que el Día del Niño se estableció no sólo para obsequiar a los niños, sino para dar a conocer los derechos fundamentales de éstos, y tomar conciencia de la importancia de trabajar sin tregua en pro del bienestar y desarrollo de los menores.

Se trata de un olvido mayúsculo, pues hoy, como nunca en la historia de la humanidad, hemos olvidado que existen cientos de miles de niños soldados que fueron reclutados forzosamente para participar en los conflictos armados que se libran en varias regiones del mundo, convirtiéndose así en víctimas de los adultos que pretenden arreglar con las armas sus problemas y diferencias.

Son también víctimas los menores que pierden a sus padres en los conflictos bélicos actualmente activos. Y lo digo porque la muerte de los soldados en combate deja a miles de niños en la más dolorosa orfandad, mientras que a muchos otros les roba por completo su infancia al colocarlos como responsables para asumir la dirección de aquellos hogares en los que falta la cabeza del hogar, y donde los huérfanos deben dedicarse a satisfacer las diferentes necesidades de los niños más pequeños que quedan bajo su cuidado.

Y ya que menciono el tema de la orfandad, es obligado señalar que este estado genera graves violaciones a los derechos del niño, como el no poder alimentarse adecuadamente, la desestructuración familiar, la explotación laboral y la separación forzosa de la vida escolar. El problema no es menor si tomamos en cuenta que actualmente existen más de 170 millones de niños huérfanos en el mundo, 9 millones de los cuales se encuentran en América Latina y el Caribe.

En nuestro país, el Censo de Población y Vivienda 2010 del INEGI, que en este y otros rubros no refleja con exactitud la realidad de México, registra únicamente 19 mil 174 niños huérfanos, mientras que el documento “Estatus de la infancia. México: Análisis de la situación de los derechos de los niños y niñas privados del cuidado parental o en riesgo de perderlo”, editado por el organismo internacional Aldeas Infantiles SOS, indica que un millón ochocientos mil niños mexicanos viven en la orfandad (Excelsior, 28/04/2013).

El problema es preocupante y se torna aún más cuando no vemos programas y políticas públicas capaces de atender a los niños en su manutención, educación y salud. Hasta ahora, lo único que vemos son soluciones superficiales y, por lo tanto, incapaces de ir a las causas reales del problema.

Es importante reconocer que la triste situación de millones de niños en el mundo es consecuencia de nuestra insensibilidad, de las guerras, de los abusos y de la orfandad, problemas que atentan contra los derechos de los niños al juego, a la alimentación, a tener un hogar digno, a la salud, a la educación, a la libertad, a vivir en familia, a no trabajar, a no ser discriminados, etcétera.

Ojalá que en el futuro próximo seamos testigos de celebraciones en honor de los niños que vayan acompañadas no sólo de discursos políticos, sino de propuestas que nos den la certidumbre de que los males que aquejan a la niñez de México y del mundo serán resueltos.

Twitter: @armayacastro

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