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DESAFÍO

por Rafael LORET DE MOLA
3/22/2013 2:00:00 AM
No entiendo porqué el gobierno de la República, de otra extracción que el régimen anterior y proveniente de un partido con principios revolucionarios –pocas veces aplicados, por cierto, desde su declaración fundacional-, no empieza, de una vez por todas, por cambiar a los embajadores estratégicos muchos de los cuales formaron el círculo operativo de la nefasta administración calderonista. Ya son ciento diez días, y no es poco tiempo, para hacer el exorcismo necesario y asegurar que nuestros representantes en el exterior recuperen el sitio relevante y su liderazgo internacional, perdidos lamentablemente desde la llegada de la tecnocracia asida a los intereses de la gran potencia universal. Basta ya de pérdidas de soberanía; fuera, de una vez por todas, todos aquellos que representan a lo peor del conservadurismo o oscurantismo como quiera expresarse.

México no puede darse el lujo de seguir perdiendo el tiempo por las evasiones de su gobierno, dispuesto para la exaltación mediática y no para la necesaria operatividad que transforme las malas prácticas en escenarios más acordes con nuestra historia e idiosincrasia. Nada puede ser más importante, ni siquiera la sorda batalla entre las mafias dominantes que han pretendido ponerle precio hasta la cabeza del presidente de la República. (No olvidemos la amenaza telefónica de Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera a Peña Nieto, en 2008, tras un incidente en Metepec. Para mayor información, léase “Nuestro Infamundo” –Jus- 2011).

La coyuntura es muy seria y preocupante, sobre todo por la tendencia de las naciones sudamericanas a convertir en santo al difunto Hugo Chávez –ya se habla de que conversa con Cristo para favorecer a los gobiernos que fueron afines al “comandante” asido a la izquierda radical-, sin pasar, claro, por las indagatorias del “abogado del diablo”; por “milagros” no pararán sus discípulos: podría comenzar la relatoría con la exaltación del argentino Jorge Mario Bergoglio al trono de San Pedro, supuestamente gracias a la mano del otrora golpista venezolano. Nada más demagógico ni inoportuno que una mención como ésta, difundida por Nicolás Maduro Moros, su presunto heredero, dispuesto a cobijarse en el cadáver de su padre político para conmover a quienes hacen de la muerte, por el sólo hecho de producirse –un hecho natural por lo demás-, un motivo para formar íconos y tópicos alrededor de cualquier difunto, en el extremo del lúdico idilio de las masas con la parca al muy cerrado estilo mexicano.

Hasta Hitler sigue siendo llorado por los nostálgicos del fascismo... que esperemos no triunfen en sus aspiraciones descocadas. Nuestro mundo ya no está para eso sino para tomar decisiones firmes. Por ejemplo, el Papa Francisco, estoy seguro, ya tiene en la mente la posibilidad de realizar un Concilio Ecuménico Vaticano III para lograr con ello las reformas indispensables que requiere una Iglesia anquilosada y, en no pocos casos, contraria a las líneas universales sobre la democracia, la igualdad, la justicia e incluso el amor. Y no se olvide que esta institución ha sido una de las más solventes en materia espiritual para marcar las diferencias entre la bondad y la perversidad que avanza, sin parar, en manos de quienes aprovechan las mentiras, las lagunas legales y la corrupción que se impone a los dogmas. Por ello, la tarea del nuevo Pontífice, quien ya visitó a su antecesor quien aseguró que no volvería a salir a la luz pública, en uno de los actos más contradictorios de las jerarquías eclesiásticas. ¿Tenemos uno o dos Papas? No vaya a ser que Benedicto XVI aguante más que Francisco, por aquello de sus males pulmonares minimizados por sus voceros. Lo mismo sucedió en el caso de un gran reformador, Juan XXIII, quien ya sabía que estaba condenado sin remedio cuando fue ungido con la Tiara Pontifica ahora en desuso. ¡Pero faltan tantas cosas!

Es por demás curioso que, en el caso de los Obispos de Roma, la realidad siga a la ficción. Quienes hayan visto la cinta “Las Sandalias del Pescador”, protagonizada por Anthony Quinn –nacido en Chihuahua si bien nacionalizado estadounidense pese a la estatua que preside a la hermosa ciudad del norte-, sabrán a lo que me refiero. En ella, el romano Pontífice asegura a los Cardenales que le eligieron: “¡Qué Dios los perdone por l que habéis hecho!” Las mismas palabras, sin quitarles una coma, que acertó a pronunciar Francisco en su reunión final con sus “hermanos”, las Eminencias que le señalaron con abrumadora mayoría sin que fuese favorito entre quienes deliberaban afuera de la Capilla Sixtina. Algo se traían entre manos si consideramos que Bergoglio ya había sido el más votado, después de Joseph Ratzinger, en 2005. Y, pese a ello, nadie ofreció momio alguno por él en las casas de apuestas.

Algo similar sucede en México respecto al presidente Peña, si bien favorito desde el arranque, considerado poco menos que incapaz e inculto por adversarios y hasta por cercanos suyos. Pese a ello, tuvo un magnífico desempeño en diciembre, un pésimo paso en enero, un acierto mediático en febrero y un ilusionante sentido reformador en este marzo que transcurre. Una administración entre vaivenes pronunciados que devela las presiones con las cuales distintos corporativos y grupos de elite pretenden desviarlo, convirtiéndole en rehén mientras lo miden para dar fe de su capacidad de decisión y, sobre todo, de si tiene o no vocación democrática aunque en este último punto los vaivenes han sido bastante más intensos.

Hizo bien en acudir a Roma, porque México es una nación con mayoría de católicos pese a la fuerza de las sectas financiadas por los Estados Unidos que han penetrado en nuestro territorio, y exhibir con ello –como en la reciente cumbre iberoamericana en Costa Rica y durante los funerales oficiales de Chávez en Venezuela, en donde se mostró sobrio y digno-, su intención de internacionalizarse y recuperar algo del terreno perdido. Pero, en ello estriba una de sus tremendas contradicciones: ¿cómo hacerlo teniendo al enemigo en casa, en condición de embajadores calderonistas por toda la geografía universal? En este punto, es obvio, debe mencionarse que el canciller, José Antonio Meade Kuribreña, formó parte de la administración panista anterior en condición de secretario de Hacienda en la fase final –fueron tres los titulares de la dependencia en ese penoso lapso: Agustín Carstens Carstens y Ernesto Cordero Arroyo, el “presidenciable” que se ahogó en su segundo apellido para ser rescatado como senador-.

Todo ello conforma un formidable reto para el jefe institucional del Ejecutivo. ¿Acaso tiene que cubrir algunas facturas políticas pendientes de pago? Si es así, ¿cómo explicar la sentencia de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos contra los brutales abusos con los cuales culminó la represión policíaca en San Salvador Atenco en 2006 cuando fungía como gobernador del Estado de México el ahora presidente Peña. Pero la disculpa de la subsecretaria de Gobernación, Lía Limón García, reconociendo los abusos en nombre del gobierno federal implica no una condena al ex gobernador sino, más bien, un señalamiento directo a quienes precedieron a la actual administración federal: Vicente Fox, contra quien se sublevaron los “macheteros” que no querían un aeropuerto en sus tierras, y Felipe Calderón quien no apoyó, con las fuerzas federales al mando del nefasto Genaro García Luna, a la gendarmería local. Para una declaración como la de Limón es obvio que se tienen todas las piezas del rompecabezas armadas o, cuando menos, las suficientes para cortar cabezas, excepto, claro, la del llamado “primer mandatario” quien ostenta el poder y puede interpretar la ley de acuerdo a sus propósitos no contra él mismo. Está más que claro y eso no significa que estemos avalando los procedimientos. Al contrario: en caso de justicia plena, el ex gobernador mexiquense, seriamente acusado por los incidentes, debiera responder también.

Pero México es así. Por ello, el Pacto por México es presidido por el perredista Jesús Zambrano Grijalva, quien ha aguantado la presión de los radicales de izquierda como Andrés Manuel López Obrador y el represor Manuel Bartlett Díaz –jubiloso porque los mexicanos suelen ser amnésicos y más sus dirigentes políticos-, y el PAN, convertido en tercera fuerza, gobierna el Legislativo a pesar de su derrota monumental.

Debate

En los últimos días he observado algunas muy serias omisiones respecto a la soberanía nacional:

1.- La Agencia Espacial Mexicana presume de sus logros y de que exporta más de lo que importa al grado de que ya contamos con el uno por ciento de la capacidad mundial en la materia. Pese a ello, nadie es capaz de responder, ni mucho menos de legislar, en la materia con el propósito de preservar el concepto de soberanía más allá de las nubes más altas. El tema es complejo pero sumamente importante si consideramos las diferencias tecnológicas extremas entre las potencias que van regando basura espacial por toda la atmósfera de la tierra y los países, como México, en fase todavía de experimentación. ¿Vamos a esperar que el asunto se vuelva explosivo, en todo el sentido de la palabra, para actuar?

2.- Un funcionario, de nivel medio, de la embajada mexicana en Madrid, Álvaro Castro Espinosa, quien negó toda asistencia consular a un mexicano en Madrid, el 26 y 27 de noviembre de 2012, dejando que se le acusara sin fundamento ni averiguación alguna arguyendo que “confiaba en la justicia española” –bastante retardataria-, tuvo la osadía de querellarse contra este columnista... usando, para ello, a una empresa particular, Eliminalia –cuyo eslogan es “Borramos tu Pasado”-, y asumiendo la jurisdicción de las leyes españolas por un artículo publicado en México. Esto es: un representante del gobierno mexicano se desentiende de nuestros órganos de justicia para ponerse en manos de los de España, exactamente como si estuviéramos en la colonia y dependiéramos de los de allende el mar para consumar quejas intimidatorias. Un acto de barbarie jurídica que no está permitido a ningún funcionario del servicio exterior mexicano.

Sólo falta que designen Papa adjunto, para que sean tres, al “retirado” obispo Onésimo Cepeda Silva.

La Anécdota

Menos mal que nos queda nuestra historia y nuestra cultura. La Cumbre de Tajín, muy cerca de Papantla, Veracruz, es un verdadero mosaico de nuestras tradiciones ancestrales. Una maravilla. Hay que reconocer, sobre todo cuando se critica como lo hace este columnista, el empeño del gobierno veracruzano por darle a este acontecimiento proyección mundial, como la han tenido antes Chichen Itzá y Uxmal en Yucatán, con sus maravillosos espectáculos de Luz y Sonido... a los que se opusieron, sin lograr nada, quienes entonces encabezaban el Instituto Nacional de Antropología e Historia.

Frente a los retardatarios de siempre, sólo caben los vestigios magníficos de nuestra nacionalidad mestiza. Y en El Tajín sabe a gloria sentirnos mexicanos.

E-Mail: loretdemola.rafael@yahoo.com.mx

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