Claro que hay estados que gozan de una paz que antes veían inalcanzable, pero no existe una entidad en el país que no haya vivido en el último sexenio un hecho de alto impacto que toda su población recuerde.
Lo que es más lamentable, existen estados de México que siguen padeciendo altos niveles de inseguridad como para que a su población le dé miedo salir no sólo a votar sino a cumplir con cualquier actividad en la calle.
Si bien la atención mediática de los últimos meses estuvo centrada en los próximos comicios, también es cierto que no por eso disminuyeron ni se acotaron los hechos de alto impacto en las entidades que siguen tomadas por la delincuencia.
Los asesinatos, secuestros y desapariciones siguieron y no se puede pensar que se detengan solamente porque México definirá quién será su próximo presidente de la República y los integrantes del Congreso de la Unión.
Ojalá que el gobierno mantenga tanto control de la seguridad como anticipan la Secretaría de Gobernación (Segob) y los gobiernos de los estados para que los mexicanos puedan definir a sus próximos gobernantes en un ambiente de tranquilidad.
A nadie conviene que el mensaje que se emita al mundo sea el de un país en crisis que no tiene un ambiente propicio ni para elegir a quien determinará la política que seguirá la República Mexicana en los próximos seis años.
Si en realidad se quiere fomentar la participación ciudadana en las elecciones y dar un mensaje de gobernabilidad, los gobiernos deberán acotarle el paso a los criminales para que los mexicanos acudan a las urnas sin temor.