Ahora es Tlaxcala la que padece afectación en sus cosechas de maíz y tomate verde porque el intenso frío que ha sofocado el Estado desde hace unos días está terminando con toda posibilidad de que la producción se salve.
Por mínimas que parezcan las afectaciones a simple vista, la verdad es que son mayúsculas porque impactan el empleo y el poder adquisitivo de una población a la que no le queda opción ajena que encarece lo poco que se logre.
Mientras que en Tlaxcala son las heladas las que afectan la producción agrícola, en otras partes como Chihuahua y Durango son las sequías y en Tabasco y el Sureste las inundaciones.
Es la misma historia de todos los años porque no se han logrado echar a andar políticas públicas que protejan el campo y alienten mecanismos de producción ajenos a los del temporal para garantizar la suficiencia alimentaria de los mexicanos y que ésta sea a bajo costo.
En tanto la producción agrícola no se garantice, los mexicanos seguirán perdiendo cosechas y viéndose en la necesidad de adquirir productos de mala calidad y altos costos.
Con toda la tecnología al alcance y los millones de pesos que se destinan a la actividad agrícola, continuamos ateniéndonos a lo que depare la naturaleza como productores y consumidores que ven reducidos sus ingresos a lo que les obligue la oferta y la demanda.