Apenas en los inicios de los ochenta, en un trabajo de tesis con el tema de la nocividad de la programación de la principal televisora en México, en los educandos y en la sociedad misma, llegué a la conclusión que mediante la seducción subliminal a través de los mensajes comerciales, y la telebasura, Televisa moldeaba al tipo de ciudadano requerido por el sistema político imperante, sobre todo porque la TV (la nueva niñera) contaba con su omnipresencia en un gran porcentaje de hogares mexicanos, de tal suerte que lo que la escuela en cuatro horas construía, la televisión en las otras veinte, lo destruía.
Lejos estábamos de vislumbrar que habría otros medios de intercomunicación que habrían de contrarrestar dicha influencia tan nociva. Afortunadamente, hoy lo estamos presenciando y constatando. Si bien es cierto que hubo una especie de etapa de “valemadrismo”, de una abulia exagerada entre los jóvenes, a los que etiquetábamos como apáticos, como seres anodinos a los cuales no les importaba un ápice la política, entendida ésta en su mejor acepción –no en la que la define como “el arte de tragar mierda y no hacerle gestos”- la que tiene que ver con la praxis de la democracia, no sólo en lo tocante a la cuestión electoral, sino en un sentido mucho más profundo en donde predominan los derechos fundamentales, por los cuales ya iniciaron su lucha.
Precisamente, en los últimos días se ha gestado un fenómeno, el de las movilizaciones y protestas estudiantiles, que nos han asombrado por su vitalidad y porque tiene una propuesta muy seria y con mucho contenido, impensable tal vez, apenas hace unos años, cuando se inició el aquelarre de sangre y muerte en nuestro país, legitimado por la declaración de guerra hecha por quien todavía habita en Los Pinos y se robó la Presidencia de México. Increíble porque se han unido estudiantes de diversas instituciones educativas tanto de índole pública como privada, y han alzado sus voces para ser escuchados, y dejar constancia de que no están de acuerdo, de su inconformidad por la manipulación pretendida y la cerrazón de los medios de comunicación.
La más reciente manifestación y movilización se dio, paradójicamente, en el monumento a la ignominia y a la corrupción (en la Estela de Luz), con la participación de los alumnos de escuelas tan disímbolas como la Universidad Nacional Autónoma de México y la Universidad Ibero Americana, del Instituto Politécnico Nacional, del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), de la Universidad Autónoma Metropolitana, del Tecnológico de Monterrey, de La Salle, del Claustro de Sor Juana y la Unitec, de la Escuela Nacional de Artes Plásticas y la Nacional de Danza (del INBA), entre otras.
Los convocantes fueron universitarios del movimiento #YoSoy132, quienes lograron la confluencia de 15 instituciones de Educación Superior diversas, quienes corearon consignas bastante significativas, como las siguientes: “Queremos escuelas, no telenovelas”; “Lucero, Gaviota: se acabó la caja idiota”; “La vacuna contra la manipulación de los medios es la educación”; “Si la tele no me quiere ver, estamos a mano”; “Televisa: bienvenida a la era de la información”; “Televisa-Tv Azteca: no más imposición, libre elección”.
Asimismo, dieron a conocer un Comunicado, que plasma su sentir ante la situación actual que atraviesa nuestro país, que contiene varias demandas que desde sus puntos de vista se vuelven impostergables.
En su exposición de motivos, argumentan que la situación en la que se encuentra México exige que los jóvenes luchen por un México más libre, más próspero y más justo. Que la situación actual de miseria, desigualdad, pobreza y violencia sea resuelta. También que el sistema político y económico no responde a las demandas de todos los mexicanos.
Por ende, creen que una condición necesaria para corregir esta situación consiste en “empoderar” al ciudadano a través de la información, ya que ésta les permite tomar mejores decisiones políticas, económicas y sociales. La información hace posible que los ciudadanos puedan exigir y criticar de manera fundamentada a su gobierno, a los actores políticos, a los empresarios y a la sociedad misma. Por ello, “Yo Soy 132” hacen del derecho a la información y del derecho a la libertad de expresión sus principales demandas.
En dicho comunicado, los estudiantes precisan que sus deseos y exigencias se centran en la defensa de la libertad de expresión y del derecho de información de los mexicanos. Su preocupación se deriva del estado actual de la prensa nacional y los medios de comunicación, así como de su papel político en el contexto democrático. “Yo soy 132” no representa a ninguna institución pública de educación superior, ni privada.
Afirman que en esencia, su movimiento busca la democratización de los medios de comunicación, con la finalidad de garantizar información transparente, plural e imparcial para fomentar una consciencia y pensamiento críticos, y por eso exigen competencia real en el mercado de medios de comunicación, en particular, lo referente al duopolio televisivo.
A todas luces, el documento va de un tono comedido a otro mayormente exigente, en el cual dejan entrever el hartazgo por la situación actual, así:
“Exigimos abrir el debate entre los jóvenes y los medios de comunicación sobre las demandas aquí expuestas. También exigimos garantizar la seguridad de todos los integrantes de este movimiento, de quienes se expresan libremente en el país y en particular de aquellos periodistas alcanzados por la violencia. Además expresamos nuestra absoluta solidaridad a las personas que en días recientes han sido reprimidas por manifestar libremente sus ideas en distintos estados de la República Mexicana.
Como demanda inmediata exigimos la transmisión en cadena nacional del debate de los candidatos a la Presidencia de la República. Y no encontramos en esto una imposición en las audiencias privilegiadas, sino como forma de garantizar el derecho de elegir ver o no, a quienes hoy no cuentan con esa posibilidad”.
Con estas demandas, los jóvenes estudiantes demuestran que la pretendida “República de Pantalla” (como la llama el periodista y experto en el tema de medios, Jenaro Villamil) no la podrán instaurar, ya que existen otros medios alternativos para informarse, convocando ante la cerrazón del duopolio Televisa-TV Azteca, a un apagón televisivo, el día 30 de mayo, de las 19:00 a las 21:00 horas. Hemos de solidarizarnos con los jóvenes, quienes nos están demostrando que todavía puede haber en nuestro país un futuro promisorio. Es cuanto
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