Todo ello cuanto analizan los errores de “logística” que han colocado a diversos postulantes, de todos los partidos, en situaciones comprometidas e incómodas. Quien lleva la peor racha es la señora Isabel Miranda de Wallace, aspirante al gobierno del Distrito Federal, cuya convocatoria no parece seria porque son evidentes sus limitaciones políticas. Insisto: los dramas personales pueden convertir a una ciudadana en foco de atención, pero no por ello se construye un liderazgos comunitario. Pero tal parece que al PAN, el partido en usufructo del poder presidencial, eso le importa bien poco con tal de tener alguna presencia en el centro neurálgico del país. Extraño: en la capital, donde radican los poderes federales, el partido que obtuvo la Presidencia, tras los desaseados comicios de 2006, no ha sido capaz de avanzar un ápice y continúa relegado a una tercera posición con todo y la cazadora de secuestradores que ha perdido gran parte de su autenticidad.
Respecto al PRI, tampoco las cosas pintan tan bien como desearían sus jerarquías: de hecho, salvo en cuanto al candidato presidencial, en las seis entidades que renovarán gobernadores y en el Distrito Federal, por el absurdo de insistir en la candidatura de Beatriz Paredes Rangel –un elemento que traicionó a su partido en su natal Tlaxcala hace más de trece años-, no parecen tener cartas triunfadoras que acompañen la presunta victoria de Peña Nieto quien, de ganar, lo haría con el pie izquierdo, esto es jugando a las contras con una oposición más extendida por el territorio nacional y acaso igualmente en el Congreso en donde las figuras anquilosadas y repetidoras cayeron como baldes de agua fría sobre los empadronados. La del ex gobernador mexiquense podría ser una victoria pírrica si, además, en su propio estado las alcaldías y las diputaciones en cuanto a los resultados comiciales favorecen al PRD y al PAN. El desafío, en este sentido, debilitaría al actual mandatario mexiquense a favor del grupo peñista en fase de formar cacicazgo, en marcha hacia atrás en la historia. Otra vez, Atlacomulco. O como siempre.
Un acierto, sin embargo, debe anotarse a cuantos elaboran los mensajes propagandísticos del priísta en campaña más sobresaliente: modificaron el tono y la intención, asumiendo que Peña está dispuesto a gobernar “incluso a quienes no están de acuerdo”, tendiendo una mano al diálogo y deshaciendo la magra idea de que cada partido actúa de manera discrecional cuando asume el poder. Tener la sensatez de acentuar su capacidad para rectificar, escuchando a sus adversarios y actuando con sentido plural –no sólo tolerándolos sino asimilando sus propuestas, vengan de quien vengan, cuando sean útiles-, resultaría en México una modalidad que, hasta la fecha, no conocemos por la soberbia de los mandantes –no mandatarios-, y la resistencia a captar las opiniones sensatas de los adversarios... en el mismo derrotero de salvar lo medular, desde la soberanía hasta la integridad de nuestro territorio y la rectoría financiera. Hay cuestiones que no pueden negociarse porque son, sencillamente, principios que dan forma y contenido a la República y la libertad. Por eso han fracasado quienes no conocen ni entiende a México.
Recuerdo, hace años, una conversación con Joaquín Hernández Galicia “La Quina”, cuando éste estaba en el cenit de su poder y pretendía comprar el Diario de Irapuato para silenciar a un aguerrido grupo de verdaderos periodistas; jamás lo logró, naturalmente. Decía:
--Estos niños de Harvard –en referencia a Salinas y compañía, como Camacho y otros-, no sienten ni entienden a México; a mí me llaman cacique... pero le apuesto a que conozco hasta los problemas familiares de mis agremiados. Esta es la diferencia.
Me puso a meditar; no lo niego. Porque siempre me ha molestado la facilidad con la que quienes se dicen demócratas acaban siendo feroces demagogos por obra y gracia de las ambiciones inconfesables. Y no son pocos, además, quienes me insisten, a través de sus correos electrónicos –ya parece normalizarse el mío por lo menos en los días recientes-, que si de bienestar se trata preferirían una autocracia productiva que una democracia enferma, supeditada a intereses personales o de grupo. Les digo entonces que lo planteado por ellos como democracia es más bien su antítesis, la aristocracia, de acuerdo a la clásica calificación aristotélica. Así como el contraste de cambio es la continuidad. ¿No han notado que los panistas ya no hablan de cambiar porque llevan doce años repitiendo que lo harán sin cumplir en una sola línea? La misma realidad los exhibe por completo, de la cabeza a los pies.
En fin, ¿hace cuánto tiempo, amables lectores, que no contamos con un “primer mandatario” capaz no sólo de escuchar a sus adversarios sino de corregirse a sí mismo cuando éstos le presenten opciones convincentes? Este columnista ya lleva muchos años asomándose al balcón del poder y no ha conocido a alguno que sea capaz de actuar con congruencia democrática.
Me cuentan, y lo he contestado leyendo sobre infinidad de referentes, la leyenda del general Lázaro Cárdenas y, sin embargo, fue éste quien elevó la institución presidencial a tal punto que comenzó el presidencialismo para desarraigar a los cacicazgos aldeanos, el frenesí de los caudillajes y los maximatos paralizantes; los borró de un plumazo pero, al hacerlo, dio a la figura del “primer mandatario” una estatura inalcanzable, convirtiéndole en una especie de semi-dios terrenal capaz de hacerlo todo menos salvarnos de la muerte.
No se si, en este punto, avanzamos o retrocedimos. Lo cierto es que, hasta hoy, el privilegiado huésped de Los Pinos no admite contrapeso a la hora de las decisiones definitorias, tales como su propia sucesión aun cuando se trate de prever una alternancia en el poder a cambio de obtener el refugio institucional de la impunidad. ¡Cuánto lo necesita el señor Calderón, sobre el paisaje marcado por sesenta mil o muchas más tumbas! ¿Podrá adormecer a su conciencia cada que requiere descansar unas horas? ¿O es ahora cuando el único calmante es observar que porta la banda presidencial... sólo hasta diciembre, esto es poco más de un semestre. Una perspectiva terrible.
Debate
Así cómo ahora me es difícil pensar en un mundo sin teléfonos celulares e Internet –cuando hace veinte años todavía entregaba a las editoriales mis obras escritas sobre las ahora caducas máquinas Olivetti o Remington-, tampoco sería capaz de asimilar una campaña presidencial como las de antes –comenzaba en noviembre y terminaba en junio con recorridos por cada municipio del país y un gasto oneroso pagado por los gobernadores, si se trataba del PRI, y los empresarios con sambenito, cuanto era el abanderado del PAN-. En apenas poco menos de dos meses, la verdad, no hay ciudadano alguno que no se diga “hasta la coronilla” sobre el duelo de torpes descalificaciones, los infundios acelerados basados en documentos filtrados como frutos del espionaje al que nadie pone un alto cuando significa la peor violación a la libertad y la vida privada, y la reiteración pastosa de los discursos insulsos.
Pobre de los mexicanos tan aguantadores, pobre de mí que debo analizar cada contexto cuando es casi nada lo que se vislumbra; pobres de los expertos en marketing que no son capaces de crear liderazgos como si se tratara de vender coca-colas.
Así las cosas, un aspirante habla de amor cuando es más su odio; otro, insiste en la cultura de gobernar y vuela, fantasioso, sobre alas de gaviota, y la primera mujer lanzada por un partido con verdadera representatividad subraya su inteligencia cuando ignora más, mucho más, que sus adversarios. Todo es confuso sobre el mar turbulento de la política. Sin análisis no existe manera de encontrar la ruta a punto tal que un personaje, tan menor y tan dependiente, como Gabriel Quadri de la Torre, entenado de la maestra Elba Esther Gordillo como antes lo fue Roberto Campa para dar batalla al antimadricismo desde dentro, gana puntos porcentuales por el rechazo que generan los otros tres abanderados. ¿El “menos malo”, otra vez?
Sólo falta la sorpresa mayúscula. López Obrador, rey de la sorna, se trae algo entre manos ante el temor evidente de Peña Nieto y Josefina Vázquez Mota, prisioneros de su propia angustia. Las semanas van pasando, faltan menos de seis para la jornada electoral, y la ciudadanía sigue a tientas como sostengo en “Sin Redención”, mi obra próxima a salir. Ya les hablaré de ella.
La Anécdota
Cuando observo el rostro de Josefina Vázquez Mota, cada vez más angustiado y ansioso, como en aquellos días en que debía comparecer como secretaria de Estado ante el Congreso, recuerdo lo que sucedió a un célebre matador de toros quien, herido, fue a caer en un hospital en donde laboraba una descendiente de la vacada más temida por los toreros. Y fue ella quien atendió a la joven figura hasta que, al dejar el nosocomio, le preguntó su nombre a la monja:
--Pues todos me dicen “Sor Miura” porque provengo de esa familia...
El muchacho, pálido, desencajado, se le quedó mirando y ella agregó, ahogada de risa:
--Sólo le ha faltado a usted... ¡tirarse al callejón!
¿Será éste el desafío para Josefina?
E-MAIL: loretdemola.rafael@yahoo.com.mx
- - - - - - - - - - - - - - -
AGRADEZCO LOS MÚLTIPLES MENSAJES DE SOLIDARIDAD DE LOS AMABLES LECTORES. ESTAMOS, EN FIN, EN EL MISMO BARCO AUNQUE NOS PAREZCA, POR MOMENTOS, IR A LA DERIVA.
- - - - - - - -- - - - - - -