Los titiriteros han de estar de plácemes porque la marioneta les resultó muy obediente, domeñada (en los animales se usa el vocablo domesticado), al grado que no le importa mentir desfachatadamente, ante las cámaras de TV, tanto en el mal llamado debate, como en las actuaciones que ha tenido durante el “post debate”, en donde ha hecho gala de cinismo y hasta le salió un defensor gratuito (sólo que la calidad moral no le da para tanto), la referencia obvia es al “¿intelectual? orgánico” Héctor Aguilar Camín, al descobijarse el exorbitante gasto en publicidad para su promoción en los medios de comunicación masiva.
Los dimes y diretes se derivan de las críticas que le lanzó el candidato del Movimiento Progresista, Andrés Manuel López Obrador, al recriminarle la pretensión de las televisoras (sobre todo Televisa), la de imponerlo como presidente de la República, a lo que Peña Nieto le reviró con la frase de que si la televisión hiciera presidentes, entonces AMLO ya lo sería, apoyándose en las cifras que falseó de la cuenta pública del gobierno del DF, gastadas durante el periodo de Marcelo Ebrard, no así durante el periodo de López Obrador, mencionándole una cifra estratosférica, que no corresponde a la realidad. De ahí se desprende lo tramposo de la afirmación del candidato del copete engominado.
Sendos programas se han dado a raíz del evento televisivo, de relevante interés, por la calidad de la periodista a la que aludo, esto es, el programa de Carmen Aristegui en MVS, en donde invitó a que se realizara el día después una especie de post debate con la participación de los cuatro candidatos, sólo que, para variar, el que no aceptó fue nada menos que Enrique Peña Nieto. Con este pretexto, entonces, la desvalida candidata “diferente”, Josefina Eugenia Vázquez Mota, tampoco quiso asistir y debatir con los candidatos que sí aceptaron dicha convocatoria, que por cierto fue a instancias del coordinador de la campaña de Acción Nacional, de la mismísima “Chupina”.
Se han suscitado una serie de críticas desde que concluyó el intento de debate, el día después, los posteriores y los venideros, al grado que se sobredimensionó la presencia (su aparición no fue más allá de 25 segundos frente a las cámaras) de la edecán Julia Orayen, de origen argentino, quien habría servido supuestamente como un distractor y quién sabe qué fines aviesos, o traviesos diría yo, que nos pinta como un pueblo lleno de prejuicios, estereotipos y tabúes, equiparados con los moralinos panistas que acostumbran darse golpes de pecho a toda hora, llevan colgado el escapulario que les brincó con tan voluptuosa y pecaminosa fémina, pero en el fondo, acostumbran predicar moral con la bragueta abierta.
Independientemente de estas apreciaciones, lo importante es lo que se está conociendo del candidato mejor posicionado, de sus relaciones no confesadas con la empresa televisora, de las sumas de dinero entregadas a los “levantacejas”, como Joaquín López Dóriga (“el teacher”), a quien pretenden erigir como el paladín o paradigma del periodismo televisivo, y que no es más que un servil decidor de noticias a los pies del mejor postor, que se ha prestado, o vendido, para proyectar y promocionar la imagen del multicitado candidato del PRI, títere y ahijado de los personajes más corruptos, como Carlos Salinas de Gortari, José María Córdova Montoya, o su pariente Arturo Montiel.
Al respecto, a la hora que le cuestiona Carmen Aristegui sobre su relación e influencia con dos de estos personajes, en la última parte de la entrevista, Peña Nieto negó que el ex presidente Carlos Salinas de Gortari estuviera asesorándolo o vaya a tener alguna influencia en su gobierno. De Arturo Montiel sólo dijo que “fui colaborador de él” y que participó “en mis primeros años de funcionario” en el gobierno del ex mandatario mexiquense investigado por presunto desvío de recursos y evasión fiscal.
Retomando el asunto de la construcción de la imagen (como le denomina el periodista Jenaro Villamil) del “candidato de pantalla”, ayer sale a relucir en el periódico Reforma, los datos con base en documentos, de los millones que se pagaron del erario del Estado de México, a la empresa filial de Televisa, cuya información de por sí es eminentemente oportuna, e imprescindible para constatar su falsedad. Veamos esta información que nos aporta Proceso en su edición en línea:
Según las facturas oficiales expedidas por el gobierno peñanietista, dichos “apoyos informativos” son comentarios o entrevistas con conductores radiofónicos y no de spots formalmente contratados. Según los documentos oficiales, el gasto de Peña Nieto por referencias radiales es de 52 millones de pesos durante su sexenio. De esa cantidad, el 62 por ciento (32.3 millones) corresponde a “menciones” cuyo gasto no está atribuido a una campaña de comunicación específica.
Publica Reforma: “las facturas que suman 32.3 millones de pesos se extendieron por los conceptos de transmisión y apoyo a la información, apoyo informativo, paquete de servicios informativos y difusión de actividades”. Sigue el diario capitalino: “Tres de estos documentos fiscales señalan que la razón social Astron Publicidad cobró 9.2 millones de pesos al gobierno del Edomex por el concepto de “comentarios de Joaquín López Dóriga transmitidos dentro de su noticiero (que se escucha por Telefórmula) y en el noticiero de Óscar Mario Beteta”.
La pregunta obligada redunda en ¿Quién realmente está hablando con verdad? La respuesta no tiene mayor dificultad, no es posible pensar que con toda la sobrexposición que tuvo en los medios durante toda su gestión Enrique Peña Nieto, con lo costosísimo que es cualquier anuncio publicitario, no se diga en horario triple A, y con la acuciosa información publicada tanto en el semanario Proceso, como en el libro cuya autoría se debe al mismo reportero Jenaro Villamil, Si yo fuera presidente, tengamos todavía alguna duda al respecto.
De entrada, al manejar cifras de un periodo que no correspondió a la gestión de AMLO, dicha aseveración resulta completamente falaz. Luego, si en la información oficial del gobierno del puntero en las encuestas, aclara que no hubo necesidad de facturar los servicios de Televisa, resulta gravemente sospechoso, e incriminador para ambas instancias.
Evidentemente, al tópico le sobran aristas, ya que anda por ahí una faceta de la vida de Enrique Peña Nieto, a la cual al parecer temen tratarla y descorrerla. Habrá que echarle un vistazo. Es cuanto.
asignaturaspendientes.olivera@gmail.com