La existencia de este organismo, relativamente joven en el Estado, es el reconocimiento a que los derechos humanos son violentados por instituciones, gobiernos, corporaciones policíacas y en todos los casos por seres humanos que aprovechan su investidura para doblegar al endeble cuando más se encuentra en aprietos.
Por desgracia, seguimos inmersos en una sociedad donde predomina el poder del que por las circunstancias que sean llega a ser autoridad y simplemente por eso se siente superior y actúa en consecuencia.
Desafortunadamente también, quienes más necesitan de los organismos promotores de los derechos humanos son los más vulnerables, los más humildes e ignorantes, en cuyo desconocimiento se incluye no saber que existen entes que pudieran protegerlos y hacer valer sus derechos como personas.
Muchos se quejan de que los organismos de derechos humanos son defensores de delincuentes y quizá entre los más hábiles de los trasgresores de la ley, existan quienes los hayan aprovechado en su beneficio.
No obstante, también es cierto que otros son tratados como tales, como infractores sin haber cometido delito alguno y es entonces cuando entes como la PDH cobran relevancia.
La titularidad de la PDH debe estar a cargo de alguien con conciencia social, con sensibilidad hacia los seres humanos y no de quienes buscan el cargo como botín político en aras de convertirlo en económico.