La ex candidata al gobierno del Estado de Michoacán aseguró ayer en rueda de prensa que el crimen organizado estuvo tras el asesinato del alcalde y se atrevió a señalar el nombre y apodo de quien considera cometió el crimen, un hombre abatido a balazos en Churintzio.
Afirmó no tener acceso a las averiguaciones previas y tampoco explicó cómo es que obtuvo información suficiente como para hacer esas aseveraciones; no obstante, las hizo, con el poder que le da ser la hermana del presidente de la República y la perdedora incómoda de los comicios pasados en Michoacán.
Desde antes de su derrota, pero sobre todo después de ella, Luisa María se ha encargado de llamar la atención a costa de lo que sea necesario.
No dudó en declarar que el crimen organizado estuvo metido en los comicios de los que no fue vencedora, sin importarle que su hermano sea el presidente de la República y saliera raspado con sus comentarios.
Ahora que todo es política y que su hermano comienza a despedirse del poder en la recta final de su gobierno, Luisa María hace todo para llamar la atención, incluso atribuirse facultades que en nada le competen y volver político el reclamo de esclarecer un crimen que igual que cualquiera que se comete, merece ser resuelto.
Por supuesto que es exigible que se esclarezca la muerta de Ricardo Guzmán, al igual que lo es que suceda lo mismo con las decenas de alcaldes asesinados en lo que va del sexenio y de los cientos de inocentes que han perdido la vida sin deberle nada a nadie.