MARTES, 21 DE MAYO DE 2013
 
 

ASIGNATURAS PENDIENTES

“FEDERALIZAR” LOS ASESINATOS NO FUE LA SOLUCIÓN

Por Rafael OLIVERA

Publicado (Edición impresa)

ASIGNATURA PRIMERA.- MÁS INSUMOS PARA SU INDUSTRIA DE LA MUERTE.

Una vez más, sin la pretensión de parecer ave de mal agüero, o sólo tratar los asuntos negativos que inciden y permean la vida política de nuestro país, no me puedo sustraer a los acontecimientos sumamente graves que vivimos, presenciamos, padecemos, y optar por guardar un minuto o todo el silencio en señal de luto, pero que no remedia nada. De perversidad extrema podría calificarse el quedarnos callados, cuanto y más porque nos atañe a quienes ejercemos el oficio periodístico, porque podríamos ser los que siguen en la lista negra, los próximos en conformar la fría estadística de los periodistas asesinados o desaparecidos durante el más nefasto sexenio que hayamos soportado.

Este tópico recurrentemente revisado en este espacio, vuelve al primer plano debido al reprobable hecho que cobró como víctimas, en esta ocasión, a tres periodistas más, profesionales de la comunicación, que eleva la cuantiosa cifra de colegas victimados durante las dos últimas administraciones federales en manos de panistas, y que niega rotundamente en los hechos, lo que en teoría tanto pregonan, esto es, la cacareada libertad de expresión, la supuesta normalidad democrática y el sacrosanto Estado de derecho. Sirva este espacio como un homenaje a quienes, otra vez, sin deberla ni temerla, engrosan la interminable lista de las voces acalladas.

El periodista Álvaro Delgado, reportero del semanario Proceso, fue amigo de la periodista asesinada, de Regina Martínez, y a raíz de su muerte, escribió un sentido artículo que tituló: Regina, víctima del Estado criminal, en él se refirió así a su amiga ahora finada:

“Bajita, delgada y discreta, parecía frágil, pero era un roble por su voluntad, rigor e integridad personal y profesional. Regina Martínez –totonaca entera y orgullosa– fue, como persona y periodista, un emblema de heroísmo. La conocí hace casi dos décadas, en 1993, durante una visita que hizo Cuauhtémoc Cárdenas a Veracruz, como parte de su precampaña presidencial. Era corresponsal de La Jornada y me la presentaron Alejandro Caballero y Pascal Beltrán del Río, enviados como yo.

Luego la traté cuando, hace una década, se inició como corresponsal de Proceso, y en Xalapa me acompañó en la presentación de mis libros, en el ocaso del gobierno de Miguel Alemán, cuando tenía ganado prestigio periodístico por su radical compromiso con el interés público que acreditaba en su trabajo diario en la agencia de noticias de nuestra revista. En el noviembre reciente fue la última vez que charlé brevemente con ella, en medio del bullicio por el 35 aniversario del semanario que nos hizo más compañeros, sobre Veracruz y la negra noche de terror y desazón que llegó a esa entidad en los años de gobierno de Fidel Herrera y que se intensificó con su delfín Javier Duarte, un fascista confeso” (proceso.com.mx)

Así pues, al ejercicio periodístico en México lo han convertido en la actividad más peligrosa, no comparable siquiera con este quehacer realizado en zonas de guerra, como pudiera ser el país invadido por EU, esto es, Iraq. En un hecho inusitado, eminentemente catalogado como patología social desde las entrañas del poder. Lo que acaba de suceder en Veracruz, denota la tremenda impunidad y corrupción prevaleciente en los tres órdenes de gobierno. Las víctimas más recientes, inmediatamente después de Regina Martínez, son: Guillermo Luna Varela y Gabriel Huge, fotorreporteros de la agencia Vera News que hasta agosto del año pasado trabajaron en Notiver, y Esteban Rodríguez se había incorporado a la actividad periodística en agosto de 2011.

La indignación por estos arteros crímenes se ha generalizado, por ende, entre otras organizaciones, la Fundación para la Libertad de Expresión (Fundalex) nos ha advertido que el estado de Veracruz es un riesgo para la democracia del país, por lo que exigió a los gobiernos federal y estatal establecer “medidas urgentes para brindar las garantías y cuidado para el trabajo de los periodistas y la libre difusión de la información por parte de los medios de comunicación masiva”. Alzó su voz con un atronador “¡Ya basta!”.

También, mediante un comunicado subrayó que el periodismo es un bien de la sociedad y permitir que se le siga dañando, daña también a las instituciones democráticas del país. Los gobernantes y la sociedad deben poner un alto a tentaciones antidemocráticas. Que resulta paradójico que el día que debiera conmemorarse, recordar públicamente que la libertad de expresión y de prensa es la base y sustento de los estados democráticos, el gremio periodístico y la democracia vuelven a enlutarse.

Evidentemente, cobra singular relevancia este asunto porque hemos llegado a extremos inverosímiles cuando tanto se cacarean la libertad de expresión, la normalidad democrática y el Estado de derecho, por los bufones del régimen, al grado de pretender hacer creer que debiéramos alabar como si se tratase de una gracia, el poder contar con espacios que todavía se conservan a la hora de decir o escribir los grandes yerros de la nueva clase política, pero que los pone exageradamente histéricos, responsabilizando a los medios de comunicación de su propia incompetencia y carencia de oficio político.

Consternado por el estado de indefensión en el cual nos encontramos, suscribo conscientemente lo que Álvaro Delgado, contundente y lapidariamente asentó en su artículo antes mencionado, que el asesinato de Regina Martínez y los de otros 80 periodistas desde el año 2000 –nueve al año en el sexenio de Felipe Calderón– sólo se explica por un Estado criminal, cuya vigencia garantiza una única certeza: El acoso, la represión y los asesinatos contra periodistas continuarán en México. Ausente el Estado de derecho y consolidadas las complicidades al más alto nivel del poder público, en los tres niveles y al margen de las identidades partidarias, las garantías para el ejercicio del periodismo independiente –el comprometido con la sociedad, no el que se acomoda a los poderes– no existen más que en la retórica, la misma cada vez que cae un compañero.

Rememoro como conclusión, las proféticas palabras del periodista Don Óscar Genel, cuando escribió: “Federalizar el asesinato de los periodistas, no ofrece solución al problema terrible, no funciona como remedio para semejante mal social; no se trata de cambiarle nombre al homicidio, se necesita prevenirlo, evitarlo, crear el ambiente de certidumbre que reclaman los del oficio para trabajar sin miedo, sin limitaciones, sin sufrir por lo que pueda ocurrir cuando el periódico circule, el noticiero esté en el aire o el reportero regrese a casa luego del extenuante trabajo callejero”. Es cuanto

asignaturaspendientes.olivera@gmail.com

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