No es apropiado ni para unos ni para otros que otra vez las noticias de seguridad retomen las ocho columnas de medios impresos y audiovisuales, lo conveniente ahora es mantener la efervescencia política y hacer hasta lo imposible por captar la atención y la intención del electorado.
Sin embargo, el cúmulo de cadáveres apilados no es algo que se pueda ocultar fácilmente, ni siquiera en la temporada electoral.
En dos hechos distintos, los cuerpos sin vida de 23 personas fueron descubiertos en Nuevo Laredo, Tamaulipas, un Estado que desde antes de que fuera asesinado Rodolfo Torre Cantú, el candidato a gobernador que se perfilaba a convertirse en mandatario estatal en 2010, ya se encontraba desbordado por la violencia.
Sin embargo, lo más lamentable es que nada haya cambiado en estos años y la población tamaulipeca siga inmersa en un ambiente de inseguridad que le impida vivir en condiciones óptimas.
Tamaulipas ha sido sede de múltiples fosas clandestinas, incluyendo una donde se encontraron los cuerpos de decenas de migrantes centroamericanos.
Ese Estado ha perdido a niños y a civiles inocentes impactados por las balas durante enfrentamientos entre criminales y fuerzas del orden.
Una parte importante de las 50 mil defunciones que ha provocado la guerra contra el narcotráfico sin duda ha ocurrido en su territorio.
No obstante, autoridades estatales y federales siguen asegurando que hay coordinación y que trabajarán unidas para recuperar la tranquilidad de la ciudadanía. ¿Cómo creerles?