Según la ATF, en el periodo de 2007 a 2011 México recuperó en escenarios de crímenes o decomisó a la delincuencia organizada casi 100 mil armas. Remitió 68 mil de ellas a la Unión Americana, acompañadas por archivos electrónicos con datos de identificación, para conocer su procedencia.
El resultado fue que casi 70 por ciento de las mismas salieron de territorio estadounidense, aunque algunas fabricadas en otros países.
Altos funcionarios de la Casa Blanca deploran esta situación, pero hasta ahora no han logrado que el Congreso prohíba la venta de armas de fuego, si bien ha impuesto restricciones mínimas que no impactan en ese comercio.
En consecuencia el contrabando hacia México crece en forma alarmante, sobre todo para abastecer a bandas fuera de la ley, que en ocasiones disponen de armamento más moderno y mortífero que el de las fuerzas del orden y del propio Ejército Mexicano.
Por ello se impone revisar la colaboración binacional, para obtener de Estados Unidos un esfuerzo semejante al que realiza México para evitar el paso de estupefacientes al territorio vecino.