Cualquier asesinato es lamentable, pero el de una persona que se atrevió a denunciar a 10 policías federales que aseguró lo secuestraron, extorsionaron y robaron, es mayormente repugnante.
Como pocos, este hombre de 62 años de edad tuvo el valor de señalar a policías corruptos y no es difícil pensar que su asesinato esté relacionado con esa valiente decisión.
Este martes, Eligio debía ratificar su denuncia contra los sujetos capturados en septiembre y ahora ya no podrá hacerlo, por lo que es incierto en futuro de los inculpados.
Otra vez, quien sale perdiendo es el ciudadano que cree en las instituciones y atiende la obligación cívica de denunciar lo que está mal, las corruptelas y los abusos de sus funcionarios.
Sería iluso pensar que es casualidad que una persona fallezca asesinada a cuchilladas en su hogar unos días antes de ratificar una denuncia contra policías federales y su muerte no tenga nada qué ver con el tema.
Este empresario murió, su familia salió huyendo del país con rumbo a Estados Unidos atemorizada por la inseguridad y ahora no guarda ni la esperanza de reunirse con él, como muy probablemente lo tenía planeado.
Indigna que en México ser emprendedor y lograr sobresalir con un negocio siga siendo un delito o al menos eso parezca porque quienes lo logran muchas veces pagan penas mucho más altas que los delincuentes aprehendidos, al tener que pagar piso, protección o rescates a los criminales con tal de conservar solamente su vida, porque su fortuna se la llevan ellos.