el-mexicano.com.mx MARTES, 25 DE NOVIEMBRE DE 2014

El pueblo pide libertades; el clero católico, privilegios

Por (AGENCIAS)

Publicado (Edición impresa)

En todos los estados de la República mexicana los fieles de las iglesias evangélicas se han manifestado en contra de la reforma al artículo 24 constitucional. Los mexicanos han sido testigos de que estas marchas y manifestaciones se han realizado con firmeza, pero siempre en un marco de respeto, sin violencia y con estricto apego a la ley. La ausencia de rijosidad en todas estas manifestaciones indica que el pueblo evangélico de México es el principal interesado en mantener un clima de paz y tranquilidad en nuestro país.

Es evidente que estas expresiones de inconformidad se están realizando con firmeza, pues lo que está en riesgo es el Estado laico y el conjunto de libertades que de él emanan. Estas manifestaciones –que algunos medios de comunicación ignoran, y otros minimizan– buscan preservar el legado laicista de Benito Juárez y de los hombres de su generación, quienes crearon una serie de leyes para garantizar las creencias de los mexicanos y suprimir los fueros y privilegios del clero: Juárez abrogó las leyes que obstruían la libertad de opinión y eliminó todo lo que permitía a la Iglesia intervenir en la vida civil de la cuna a la tumba.

El odio de la ultraderecha católica y del clero romano hacia Benito Juárez y los hombres de la Reforma se debe a que ese grupo de liberales del siglo XIX privó a la Iglesia católica, entre otros, de los siguientes privilegios: “1) Exenciones de los impuestos en la propiedad personal, alojamiento, transferencia de propiedades y reparación o construcción de muros, puentes y fuentes. 2) Los tribunales eclesiásticos juzgaban en casos de simonía, sacrilegio, adulterio, divorcio, legitimidad de los hijos y perjurio. 3) Los sacerdotes no podían ser juzgados por tribunales civiles, aun cuando cometieran delitos de dicho orden; ni siquiera podían prestar testimonio en casos civiles, como deudas y contratos, sin autorización especial del obispo. 4) El juez eclesiástico decidía quién disfrutaba de dicho fuero. La Iglesia solía ocultar los delitos del clero, pues temía que se empañara la imagen de la religión”. El monopolio de la educación, como usted bien sabe, estimado lector, era otra de las prerrogativas que la Iglesia católica tenía en aquellos tiempos.

La reforma del artículo 24 constitucional intenta –de acuerdo con el Dictamen de la Cámara de Diputados– cancelar la educación laica, así como el principio de separación del Estado y las iglesias, situación que para el pueblo de México es altamente preocupante, más allá de que el carácter laico del Estado sea elevado a rango constitucional con la reforma del artículo 40 de nuestra Carta Magna.

Es por ello que en todas las capitales de las entidades federativas se levanta la voz del pueblo exigiendo que permanezca inalterable la vigencia del Estado laico. Estas voces exigen a los legisladores de los congresos locales que impidan el tránsito de México a un Estado confesional. Los diputados deben escuchar los sólidos planteamientos, argumentos y demandas de millones de mexicanos que, convencidos de lo pernicioso de la citada reforma, gritan en alta voz: “libertades sí, privilegios no”.

Los mexicanos esperamos que en los próximos días, cuando los congresos estatales revisen la minuta de reforma del artículo 24 constitucional, tomen en cuenta que la educación laica es la mejor opción para un pueblo donde la diversidad religiosa es un hecho innegable. La historia revela los pobres resultados de la educación confesional en sus tres siglos y medio de vigencia: “noventa y ocho por ciento de la población incapaz de saber leer y escribir”. Ningún mexicano, con excepción del clero romano, desea que se repita esta historia de atraso. Por esta razón exigimos que se fortalezca la laicidad del Estado mexicano, no con la reforma del artículo 40, sino con el rechazo del artículo 24 constitucional. Ojalá que los legisladores de los estados estén a la altura de las circunstancias y realicen su trabajo privilegiando los principios y valores del Estado laico.

Twitter: @armayacastro

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