MIÉRCOLES, 19 DE JUNIO DE 2013
 
 

POLICROMO

Los ceresos

Por Rogelio AROS GUZMÁN

Publicado (Edición impresa)

“El movimiento de reducción de la prisonización pasó hace tiempo el primer estadio y se mueve entre el segundo y el tercero. No podía ser de otro modo, la revolución tecnológica no puede continuar con la pena de la revolución industrial (y nadie puede asegurar que lo vaya a hacer con el mismo sistema penal). Sería contrario a todo lo que nos enseña la historia, aunque, por supuesto, en la democracia cada quien tiene el más sagrado derecho a expresar los contrasentidos que quiera, pero defender el derecho a la incoherencia no significa compartirla” EUGENIO RAÚL ZAFFARONI.

Los más recientes sucesos acontecidos en el CERESO de Apodaca Nuevo León en los que fueron asesinados 44 reos y se escaparon 30, muestra un claro ejemplo de que las cosas en nuestros sistemas carcelarios no han tenido gran avance, incluso, han mostrado un retroceso innegable.

Ya los habíamos mencionado en otras columnas que la pena de prisión se encuentra en plena decadencia, pues ésta no cumple el propósito legal que ostenta y por el contrario la corrupción y la fuerza del crimen organizado vulnera estas instituciones de manera tan recurrente que en verdad espanta la facilidad con la que lo hacen.

O sea que la propaganda oficial que se emite día a día en el sentido de la captura de criminales, se queda corta al ver que la misma choca de frente con la realidad, una realidad que demuestra que los esfuerzos desarticulados en la lucha contra la delincuencia organizada, dista mucho de ser una lucha verdaderamente efectiva que en el corto y mediano plazo logre ganarse y sostenerse.

Y no es pesimismo, sino simple y llana realidad. Hay que reconocer que hay CERESOS en los que no se presentan casi problemas como el caso del CERESO de Ensenada, Baja California, pues los reos son tratados con dignidad y cuando hay alguna inconformidad, los funcionarios de dicho centro resuelven de inmediato el problema, por lo que podemos decir que es un CERESO, dentro de lo que cabe y de acuerdo a las posibilidades, modelos en el estado.

Pero lo acontecido en Apodaca deja ver claramente la vulnerabilidad de nuestro sistema penitenciario, penal y de justicia, y pone en serio entredicho la viabilidad de la lucha contra la delincuencia, porque es claro que en México los delincuentes operan en y desde las calles y también lo hacen desde dentro de los centros de reinserción social.

Es fundamental que en un estado de derecho, la autoridad no solo logre encerrar a los delincuentes, sino que mediante el tratamiento adecuado, se logre su recuperación, su readaptación y su reinserción social, porque de lo contrario, esas medidas se convierten en círculos viciosos y si bien es cierto que con el uso de la fuerza se logra obtener algunos resultados de manera temporal y en lugares específicos, luego son rebasados en el corto tiempo.

En la actualidad el setenta por ciento de los presos en nuestros CERESOS son personas menores de treinta años, lo que constituye un dato aterrador, porque demuestra que tenemos una generación perdida y tal parece que la que sigue también lo está, y que mientras sigamos atacando a las manifestaciones delictivas y dejando atrás la superación de la pobreza, la desigualdad, la lucha contra la corrupción, la impunidad, la modernización de nuestros sistemas penitenciarios y la evolución en las penas, los resultados en paz social derivado del buen tratamiento y reincorporación de reos y de la seguridad pública, serán francamente pírricos, pues no podemos pensar que una paz social viable se de por la presencia de policías y soldados armados en las calles hasta las cachas, porque es una paz forzada, no verdadera y al fin, una paz sustentada en la violencia.

Ya desde hace más de treinta años tratadistas internacionales en materia de Derechos Humanos, Derecho Penitenciario, Readaptación Social y en Sociología han advertido lo malo de las medidas llevadas a cabo por los gobiernos, especialmente latinoamericanos, y que éstas en lugar de resolver los problemas los agravan, pero tal parece ser que los gobernantes solo se sujetan a encarcelar a los individuos sin entender que además de que la pena de prisión es antinatural, no está resolviendo el problema, sino agravándolo. Aunado a la evolución nuestros sistemas penitenciarios y de nuestro sistema legal carcelario, debemos avanzar también en combate a la impunidad, corrupción, pobreza, desigualdad social, pobreza, miseria, inclusión social y una serie de temas que como agendas pendientes tienen los gobiernos, especialmente los latinoamericanos, incluyendo el nuestro. Muchas gracias.

/informacion/editoriales/3/16/editorial/2012/02/24/549936/policromo
 
 
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