¿Dónde estoy?
Edición viernes, 12 de marzo de 2010

desafÍo

viernes, 12 de marzo de 2010
Se publicó en: Edición impresa
Cuando ingresó a Los Pinos Vicente Fox, constituido como el primer presidente que abiertamente reconoció su catolicismo –otros profesaron la fe pero optaron por ocultarlo para honrar, decían, el laicismo estatal-,

no pocos socarrones señalaron la incoherencia de quien, atesorando golpes de pecho sin disimulo a lo largo de su campaña en la que también aireó el estandarte de la Guadalupana emulando al histórico cura de Dolores, se acomodaba en la residencia oficial con quien entonces era su amante, la señora Marta, revelando así una flagrante violación a los mandatos de la Iglesia. Meses después se matrimoniaría con ella aun cuando mantuviera la dualidad de tener una esposa dentro de los cánones civiles sin romper el vínculo primigenio de los esponsales religiosos.

El columnista asienta que, en este renglón y en muchos otros, las jerarquías eclesiásticas debieran modernizarse en pro de sus fieles a quienes las circunstancias obligan a separarse de sus primeras parejas y alcanzan la estabilidad, emocional sobre todo, en su segunda oportunidad. Suele pesar para ello, y de modo muy importante, la propia madurez. Incluso existe ya un movimiento en pro de los derechos de los “católicos vueltos a casar” para demandar la plenitud religiosa, considerada tal aquella que se extiende hacia la unción de los sacramentos que se niegan a los divorciados, en estos tiempos cuando parece más fácil y sencillo contraer un matrimonio gay bajo el peso de los oportunismos políticos. La distorsión es tremenda, a la par con el incomprensible retraso de la Santa Sede ante la dinámica social que no ofende a Dios de modo alguno.

Cito el ejemplo de los Fox para intentar explicar la permanente dualidad moral y política de hombres y mujeres inmersos en la vida institucional. Sobre todo porque la creciente descomposición estructural, por los usos facciosos del poder, mantiene paralizada a una sociedad que reclama nuevos liderazgos porque cuantos hay a la vista no la representan satisfactoriamente. No es puede andar siempre con Dios y con el diablo, para decirlo en el lenguaje coloquial de los frailes más sabios.

Para infortunio de la derecha, los escándalos parecen imparables. Tras confirmarse la patología sexual del célebre padre Marcial Masiel, fundador de la Compañía de los “Legionarios de Cristo”, no sólo el perfil de éste fue afectado sino también el de cuantos se cobijaron a la sombra del mismo, entre otras personas, nada menos, las dos esposas de Fox: Lilián de la Concha, por el culto católico, y Marta Sahagún, de acuerdo a la legislación civil. Sendas señoras, por distintas circunstancias, recurrieron a Maciel para pedirle su intervención, ante el Papa Juan Pablo II, el Magno, con el propósito de aligerar su pesada carga interior, una, y extender su imagen de devota, otra, en la ruta de sus propias ambiciones. Fue un duelo soterrado, íntimo, que acabó ganando, por el retiro y claudicación de Lilián, la astuta señora Marta, la de las “muchas faldas”.

Sólo un personaje de moral polifacética –esto es, siempre adaptable a sus propios fueros- y doble vida, como el deplorable Maciel –a quien deberían condenar drástica y definitivamente los de su congregación para siquiera salvar algo del colapso-, podría haber actuado, como lo hizo, influyendo sobre sendas damas. Una especie, digámoslo sin ambages, de moderno Rasputín bajo el aliento del poder, el presidencial en México y el religioso en Roma.

Quizá esta figura sea la que permita explicar las permanentes contradicciones de cuantos, alineados en el PAN, marchan paralelos a los monaguillos regañados, esto es pretendiendo mostrar en sus rostros los estigmas del sacrificio autoimpuesto –tengo gran curiosidad por descubrir cuáles han sido los cilicios utilizados para ello-, extendiendo la falacia del servidor público listo a sufrir, en carne propia, el martirio que deviene de la terrible soledad del poder y sin reparar, en todo caso, que bastante peor es no poder.

Lo mismo Calderón –quien cada día exhibe un talante más claudicante-, que el oficiosamente exprimido Germán Martínez Cázares o el “líder” surgido del bolsillo presidencial, César Nava Vázquez, parecen cortados con la misma tijera: más bien mustios, como las viejas beatas parroquiales, y sin la menor gota de humildad para reconocer sus propios yerros. Y es que, desde luego, se sienten algo así como tocados por Dios para realizar el apostolado que dejaron inconcluso, hace dos mil años, los doce. Lástima para ellos que el Papado no pueda alcanzarse con baza en la manipulación electoral. Amén.

Lo grave es cuando se traslada tal presunción al campo de la política y entonces se percibe a los contrarios, a todos ellos, como enviados de Satanás señalados para llenarles de espinas las cabezas –quizá por ello no meditan ni piensan-, y de murallas cada ruta. Son perversos, per se, a cambio de las inmensas virtudes que atesoran los afines, per sécula seculorum generosos y bienintencionados, dispuestos a cumplir sus propios calvarios en olor a santidad... esto es sin que los comprendan las masas enfebrecidas.

Una visión, ¿no les parece?, dramáticamente “democrática”. ¿O demagógica?

Debate

La paradoja para Nava Vázquez no puede ser más cruel: aun en el caso de que sus coaliciones con la izquierda enclenque triunfen, esto es en dos o tres entidades cuando menos, no habrá fracaso mayor que el suyo a lo largo de este 2010. No es siquiera una figura defendible –de allí la sensación de que hasta sus correligionarios le han dejado solo o han optado incluso por interrumpir sus militancias ante los desacuerdos extremos, estructurales-, sino un elemento señalado como hombre incapaz de sostener su palabra, incoherente ideológicamente y con enormes cargas sobre su atormentada conciencia. Y lo peor: se percibe, además, que es espejo de Felipe Calderón.

No sabemos, en esta línea, si al término de su gestión como presidente del PAN, se atreverá a denunciar, como los hijos de Maciel –quienes pretendieron vender su silencio aun cuando este hecho no resta la barbarie sexual del “peré”-, los abusos –en este caso políticos pero también contra la ética elemental-, cometidos contra él en su escarpado andar por los corrillos presidenciales y desde antes. Porque da la impresión, y su semblante así lo refleja, de mantener calladas las líneas que lo situaron donde está a sabiendas de su condición de títere de Los Pinos... a la muy vieja usanza.

¿Cómo justificar, cuando sea necesario dirimir la controversia sobre la creciente descomposición política a través de 2010, los vaivenes tremendos que significan sus cercanías con el PRD y su disposición por negociar, en lo oscurito, con el PRI y quien, para muchos, es virtualmente el candidato presidencial del otrora partido invencible? De nada sirven sus pataleos posteriores ante la evidencia incontrovertible; mucho menos cuando tras haber exhibido el documento comprometedor, que lo descalifica a él más, por el cual se solicitaba el aval priísta para “dejar pasar” el “paquete fiscal” a cambio de allanarle el camino al gobernador mexiquense.

Nava está derrotado desde ahora, sin posibilidad de salvamento. Dijéramos que su situación es bastante más precaria a la de Germán, su antecesor, cuando optó por separarse de la dirigencia nacional panista como efecto de las derrotas regionales en cadena. Siquiera éste procedió a la vista de los resultados; pero a veces, los propios saldos comiciales resultan afrentosos cuando carecen ce toda moral política y es tal condición la que asfixia al César blanquiazul incapaz, por supuesto, de proceder con autonomía. El presidencialismo pervive. Sólo los ingenuos no lo ven.

El Reto

Lo anterior no obnubila otra lectura: el PRI y su dirigencia exhiben, por sus reacciones, un tremendo temor a la suma de sus adversarios. Sentían que marchaban sobre caballo de hacienda hasta el momento de brotar sus propias purulencias. Esto es: el compromiso en pro de los mandatarios estatales para que fueran éstos quienes respondieran por los comicios en sus respectivas entidades a cambio de dejarles en libertad de imponer a sus sucesores. Valiente responsabilidad democrática.

Bien saben que los tiros les están saliendo por las culatas porque, salvo alguna excepción, los postulados no animan a los presuntos electores sino, más bien, los repelen. Y la circunstancia se extiende, digamos desde Oaxaca, a buena parte de la geografía nacional en donde los sacudimientos previsibles parecen reemplazar al optimismo desbordado de principios de año. No lo pueden mantener ni a sabiendas de que cuentan con los controles comiciales regionales. De allí el frenesí de los temores que se exhibe hasta en los protocolos camarales, como cuando la fracción de este partido en la Cámara baja negó la licencia solicitada por Nava para dejar su curul de manera perentoria. Sólo falta que se niegue la libertad a los legisladores para optar cómo sea conveniente para ellos. Esto sería fascismo puro.

¿Hacia dónde estamos encaminados? No nos merecemos los mexicanos tales partidos y tales dirigentes.

La Anécdota

Allá en el Convento de la Cruz, en Querétaro, los franciscanos quisieron dialogar sobre política hace ya algunos años, bajo las tormentas provocadas por el cogobierno foxista y el matriarcado consecuente. No entendían, entre otras cosas, cómo una pareja que se decía católica obraba como hereje.

--Yo estoy seguro –expresó un fraile con voz apenas audible-, que Fox era otro antes de su matrimonio con Marta. Le hizo falta un exorcismo.

Y otro más puntualizó:

--¡Y todavía hay quienes demandan el fin del celibato sacerdotal!¡Líbrenos, Dios!

En este punto comenzaron las distorsiones, las confusiones y las incoherencias. Por eso el PAN ahora se alía con el PRD y negocia con el PRI. Lo trascendente para sus modernos “líderes” es conservar el poder, apostar por el continuismo. Todo lo demás sobra, incluyendo, claro, la democracia que se opone al sectarismo.

E-mail: rafloret@hotmail.com

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