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La descalificación política
En 2005 Arturo Montiel tenía fama de haber sido buen gobernador del Estado de México. Había sido emprendedor en los negocios como Carlos Hank González y exitoso en la política y la administración pública.
Tenía altos niveles competitivos para llegar a ser candidato del PRI a la Presidencia de la República. Pero no resistió la virulencia verbal y las descalificaciones que, con resonantes palabras, difundieron algunos medios de comunicación.
A propósito de esa virulencia verbal y descalificaciones en la política, recordamos nuevamente una anécdota de Mark Twain. Cuenta el ameno escritor que cuando estaba más alta su fama y tenía conciencia de su buen nombre, decidió postularse como candidato a gobernador por el estado de Nueva York.
Pronto comprobó la degradación de la lucha política en su país. Sus rivales lo acusaron de todo: por perjurio, ratero, mentiroso, ladrón. Lo calificaron de cruel, de corrupto, de sobornador y de criminal.
Se preparaba Mark Twain a redactar una repuesta a ese montón de acusaciones; pero antes de terminar la tarea se enteró de que en un periódico se le acusó en serio de haber incendiado un manicomio, con todos sus locos adentro.
El pánico se apoderó de él. No pudo más. Abatió su bandera. Sintió que no estaba a la altura de las exigencias de una campaña. Renunció a su candidatura, para ser nuevamente una persona honrada.
Es necesario adecentar la política. Tenemos que entenderla como el mejor instrumento para crear y desarrollar nuevos acuerdos nacionales. La política tiene que ser el arte y la ciencia para crear grandes consensos a fin de alcanzar los objetivos superiores del pueblo y la nación.
Con ese propósito es saludable superar el primitivismo político. Abandonar los caminos torcidos y el uso de la calumnia, de la difamación, de la insidia y de todas las formas degradantes de la lucha social. Hay que dignificar la política.
En la sociedad, en los partidos, en el periodismo, entre los comentaristas de radio y televisión y en los diversos ámbitos de la actividad pública, tienen que superarse los criterios maniqueos.
Decía Madrazo, el grande, que la política no se hace con ángeles ni todos son buenos y malos. Lo importante es que los buenos sean más que los malos y que la democracia proteja a los buenos. Pero es condenable la insidia envenenada como forma de practicar la crítica política. Afortunadamente cada día crece más la exigencia de dignificar la vida pública del país. Desde hace tiempo se ha señalado la necesidad de elevar el nivel de la discusión política y transparentar la vida pública.
Se ha reclamado evitar para siempre la calumnia, la injuria y la difamación porque empobrecen la vida pública del país. Hay que condenar la insidia y la calumnia que se difunden para suplantar al verdadero debate político. Hay que evitar todo lo que ensucia y mancha a la política.
En diferentes momentos se ha demandado que se respeten las formas legales en la discusión política y se castiguen la calumnia y la difamación, con el fin de sanear la lucha democrática.
También se debe acabar la impunidad de los funcionarios públicos y los políticos. Se han de preservar las formas para elevar la política y la vida pública.
Pero, sobre todo, se tiene que respetar la libertad de expresión a pesar de que se escuchen manifestaciones de rencor y agresiones verbales, en la línea de un negativismo sistemático en la vida nacional.
Lo necesario es que la política se realice con ideas y acciones que se discutan en niveles cada vez más altos. Quienes rebajan el debate y la lucha política pronto se convierten en las víctimas de sus degradantes métodos.
Es aconsejable para todos luchar políticamente con argumentos y con razones y no con injurias y calumnias. Así se contribuye a enaltecer la vida pública y a dignificar la política como actividad social creadora de valores humanos.
Lo importante es seguir adelante en el proceso para elevar la lucha social como motor para desarrollar la democracia. Así se contribuye a enaltecer la política como actividad creadora de valores humanos de profundo contenido cultural.
De esta manera se han de superar los espectáculos degradantes que todos hemos presenciado en las últimas semanas, como ejemplo del subdesarrollo político. Hay que discutir y actuar en niveles que cada día estén más a la altura de la dignidad del pueblo de México.