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Edición lunes, 10 de marzo de 2008

Las prioridades invertidas

lunes, 10 de marzo de 2008
Se publicó en: Edición impresa
Las prioridades invertidas

Somos el único país que escucha con estoica actitud el discurso gubernamental de que llegaremos a ser una de las cinco grandes economías del planeta y al mismo tiempo constata con desgano que el tema del crecimiento económico no es la prioridad nacional en la agenda de los principales actores. Suponemos que por inercia y dimensiones tal vez se logre el objetivo, pero la impresión que queda es que tenemos un crecimiento mediocre, muy por debajo del potencial que nos gusta imaginar que tenemos. No me ocuparé en detalle de las coordenadas del debate político, simplemente subrayaré que hay ciertos valores al alza.

Uno de ellos es el culto al estatismo que parece adquirir proporciones setenteras y el discurso antiempresarial (en muchas ocasiones con cargas xenofóbicas) se disimula cada vez peor. La resurrección de esas ideas se alimenta de una percepción muy amplia, y es que las privatizaciones no han sido lo que se esperaba. Malos servicios y comisiones leoninas minan el prestigio de una economía abierta (ahí están las Afores como ejemplo).

Si la empresa y su función básica que es generar riqueza (justamente habida) a partir del ingenio y la audacia del innovador no se defiende en el espacio público con argumentos sólidos, el prestigio de una economía capitalista se seguirá devaluando. Hay un trabajo amplio que hacer en materia de comunicación social ligando la función empresarial, no a fundaciones que busquen el lucimiento de señoras, sino a una genuina cohesión social. El prestigio de la empresa se funda en los trabajos que genera y los sueldos que paga; en su compromiso social y los impuestos con los que contribuye, no en organizar un convite de té con leche para ayudar a los niños pobres.

En el México de hoy muchos sectores se dan el lujo de tildar a los inversionistas de timadores profesionales que vienen a chupar la sangre del patrimonio nacional. ¡Vienen a hacer negocio! gritan en las plazas mexicanas, mientras que en Cuba y China, Perú e Irlanda dicen: pues sí, de eso se trata, bienvenidos. Necesitamos crecer y distribuir riqueza. La generación de riqueza no produce automáticamente distribución, pero lo que está claro es que no producirla no permite distribuirla. El empresariado es ubicado como el enemigo a vencer, como el responsable de la pobreza habida y por haber. Habría que revisar en las encuestas la valoración que la gente tiene del sector privado y lo mucho que se podría hacer en materia de comunicación social e información, para demostrar que una buena parte de ese discurso es impreciso y cargado de prejuicios centenarios.

En este contexto resulta sorprendente ver cómo un sector del empresariado desplegaba una inusitada energía en impugnar la reforma electoral y abandonaba el frente del crecimiento económico como la gran prioridad del debate nacional. No es un secreto para nadie que países de nuestro entorno siguen creciendo por encima de nuestras tasas y aquí seguimos entrampados con un empresariado con más ganas de intervenir en política electoral que en ganar la gran batalla de las ideas a favor de la economía de mercado y la libre empresa. No veo cómo a un empresario preocupado por sus negocios y el crecimiento económico del país le pueda interesar más una reforma que limitaba la posibilidad de comprar anuncios para influir en periodos electorales, mientras que dejaba abierto un espacio muy amplio para que los enemigos del mercado satanicen —con gran éxito entre la opinión pública— a la economía de mercado.

Es sorprendente constatar que la beligerancia mostrada contra la reforma electoral, contrasta con la debilidad y la confusión con la que el sector privado participa en la lucha por ubicar el tema del crecimiento económico como prioridad nacional. Llama la atención que mientras defiende la libertad de comprar spots en periodos electorales, esté perdiendo más y más espacios en el debate que realmente les debería interesar. Si tienen tanto dinero disponible para comunicación social no alcanzo a ver por qué no se usan todos esos recursos y talentos comunicacionales en ubicar el crecimiento económico como la prioridad de este país.

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