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Edición lunes, 04 de febrero de 2008

¿Qué mantiene unido al PRD?

lunes, 04 de febrero de 2008
Se publicó en: Edición impresa
Como ocurre en las familias clásicas, la pelea y la unidad se da en torno al patrimonio

¿O de verdad alguien cree que pelean por convertirse en los próceres de la patria, los defensores de los pobres?

Con alguna frecuencia —sobre todo cuando existen conflictos serios como la contienda por el control del partido que tendrá su definición el domingo 16 de marzo—, se insiste en el tema de la ruptura o el rompimiento en el Partido de la Revolución Democrática. Que si ya mero se van unos, que si los otros… que si hoy pelearon los de allá con los de acá. El de la división y la ruptura como eje de sobrevivencia.

Pero más que especular sobre el horario y la fecha en el calendario que marcará el rompimiento entre los amarillos, lo importante debiera ser lo que ocurre en la otra cara de la moneda. Es decir, preguntarnos ¿qué es lo que mantiene unidos a esa suerte de perros y gatos que conviven en el mismo costal amarillo, a pesar de que todos los días literalmente se sacan los ojos?

Primero debemos aceptar que la división en el PRD ya es una realidad. Si acudimos a la metáfora de los matrimonios mal avenidos, debemos reconocer que marido y mujer —en donde el marido o la mujer pueden ser indistintamente cualquiera de los dos grandes grupos en disputa en el partido amarillo—, ya no comparten el mismo lecho, que la comunicación entre ellos es prácticamente nula —y en ocasiones sólo a través de los hijos o los entenados—, y que los dos han dado muestras claras de infidelidad.

Sí, unos y otros no sólo han coqueteado, sino llegado a relaciones formales y de clara infidelidad ideológica con sus otrora adversarios, sean los azules o los tricolores. Todo el vecindario se entera, noche a noche, de las peleas en las que uno le reclama al otro sus cuitas, que si le “agarraron la pierna”, que si es una traición a la patria, en tanto que el otro responde que el primero quiere regresar a los amores pasados, esos del viejo tricolor.

La unidad en esa pareja que antaño formaban los dos grandes bloques en los que se ha fracturado el PRD —división irreconciliable a los ojos de la realidad, que no puede terminar en ruptura porque ya todo está roto—, ya es imposible y lo vemos no sólo en los mensajes que lanzan unos a otros, sino en el partido que proponen unos y otros. Y por supuesto que la guerra siempre ha existido y siempre existirá en la política y al interior de los partidos. Pero en el caso del PRD lo que se vive ya es mucho más que una guerra; es un acelerado proceso de autodestrucción.

Mientras que las dos partes disputan la dirigencia, el control del aparato y el destino del partido, la nave en la que viajan se aproxima al precipicio del que ninguno de los dos podría salir con vida. Y pareciera que nadie quiere darse cuenta de esa realidad, sean dirigentes, líderes, figuras, intelectuales, periodistas —que ahora resulta que justifican la inexistencia de autocrítica, que sean vistos por la sociedad no como izquierda sino como un puñado de rijosos, ambiciosos que pelean el poder por el poder, sin ofrecer una alternativa democrática real, y hasta llegan al extremo del ridículo al aceptar que a sus mujeres se les trate como prostitutas—, porque todos parecen más preocupados en la impúdica lucha por el poder.

Si ese matrimonio entre “Chuchos” y obradoristas es irreconciliable, ¿entonces que los mantiene unidos? Como ocurre en las familias clásicas, la pelea y la unidad se da en torno al patrimonio. Si, hace no muchas semanas, en una de las reuniones de los lunes en el cuartel de AMLO, el derrotado candidato presidencial advirtió a “Los Chuchos”: “No, no crean que voy a dejar el partido… voy a pelear por mis derechos”. Y en efecto, esa reacción fue producto de una andanada que “Los Chuchos” le habían recetado días previos: “Si Andrés quiere unidad, que haga su partido, que sea capaz de unificar al FAP en un solo partido”, le habían dicho. Era una invitación a irse.

Y si en el territorio de eso que eufemísticamente conocemos como “la izquierda mexicana” —concepción chabacana y grotesca al extremo, que los llamados intelectuales de izquierda defienden exaltando a los Bartlett y a los Arturo Núñez, por ejemplo—, menudean lo pleitos por las migajas del poder, se despellejan por un minipartido como Alternativa o de plano se venden al mejor postor como son los casos del Partido del Trabajo y de Convergencia, ya podemos imaginar lo que ocurre con el PRD.

¿Qué mantiene unidos a los peleoneros perredistas?. Primero habrá que recordar que el tamaño del botín es del tamaño de la pelea. Y en efecto, el PRD hoy vale tanto como la segunda fuerza político electoral del país. En términos políticos eso significa todo el poder que le da a ese partido tener tantas como cinco gubernaturas, el segundo gobierno más importante, después del presidencial, con el DF; el segundo lugar en el Congreso y el control político y territorial DF y la posibilidad de influir de manera decidida en el reparto del dinero público, a través de la Ley de Ingresos y el Presupuesto de Egresos.

Y sin duda que alguien podría preguntar: ¿Y eso qué?. Bueno, pues eso es mucho poder y mucho dinero. Implica la posibilidad de gastar a placer el dinero público en todos esos centros de poder, de crear poderosas redes de incondicionales, aplaudidores, de comprar votos, de perpetuar el poder y, sobre todo, la posibilidad de influir de manera determinante en el reparto del dinero público, a través de la Ley de Ingresos y el Presupuesto de Egresos.

Y por si fuera poco, existen las prerrogativas que recibe el PRD en tanto partido político. Y eso es una montaña de dinero, impensable para la mayoría de los mortales. Eso es lo que pelean, el poder, los puestos, el dinero. ¿O de verdad existe alguien que cree que pelean por convertirse en los próceres de la patria, en los defensores de los pobres?

Y si existen dudas, podríamos empezar por preguntar de donde salen los costales de dinero para hacer campañas como las que realizan los señores Ortega y Encinas, de donde sale el dinero para mantener un movimiento político como el de AMLO. Bueno, pues ese cemento, el del poder y el dinero, es el que mantiene juntos, bajo el mismo techo, a “Los Chuchos” y al grupo de AMLO. Pero todos saben que ese matrimonio entre la izquierda y el PRI de Cárdenas y Muñoz Ledo, fue un fracaso que tarde o temprano terminará en divorcio.

aleman2@prodigy.net

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