Asesinato justo
(Righteous kill) 2008
Esta película siendo “justos”
hay que calificarla de sandez. No va más allá de lo ofrecido
por un telefilme de medio pelo en fin de semana. Permite perder eso sí casi dos
horas o en el mejor de los casos trabar una buena siesta rapadora viéndola.
Lo más doloroso del tema es
que en el elenco hay gente como Robert De Niro y Al Pacino,
dos de los mejores actores de la historia, que una vez juntos y revueltos, con
un guión muy flojo no consiguen transmitir absolutamente nada, deambulando de
aquí para allá con una pipa y una placa.
La mayoría de las
situaciones son estúpidas, los diálogos, ni hacen reir, ni aportan elementos
dramáticos ni para nada consiguen que nos identifiquemos con la pareja de
policías protagonista formado por Turco y Rooster,
los cuales trabajan en el cuerpo de policía desde hace casi medio siglo.
Alguien decide tomarse la
justicia por su mano y ejecutar sentencias de muerte, para aquellos con los
cuales la justicia ha actuado laxamente. Así, donde no llega la justicia,
llegarán las balas. El tema es que todo indica que el asesino es Turco,
y basta ver las poesías que el asesino deja en el lugar del crimen para definir
esta película: es igual o más burda aún que las poesías del asesino, propias de
un niño de 12 años con escasa o nula capacidad lírica.
En todo caso hay una trama,
unos crímenes por resolver, que apuntan en una dirección. Siempre ha de haber
un golpe de efecto, faltaba más, que ponga las cosas en su sitio y nos haga
quedar estupefactos, diciendo “no puede ser, no puedo ser, me la han metido
doblada, pero si el tío ha dicho ante la cámara que era él, blablabla…..
Cuando De Niro
y Al Pacino están juntos se les va el tiempo en rosas, y el
director, nefando, no es capaz de sacar absolutamente nada de ellos, cuando De Niro sabemos que es capaz de hacernos que
tengamos miedo con una sola miradita.
En fin que la película es
un desastre manifiesto, que aburre más que otra cosa, y que ver a dos actores
de esta talla en una producción tan mediocre es tristísimo.
Por: Esteban cruz