Por Aracely Sollano
22/02/2008 07:23:00 p.m.
Por favor, ¡perdóneme por comprar aquí! …Así quisiera decirles a muchos trabajadores de varios centros comerciales y mercados de esta ciudad, donde los empleados, desde la señora del aseo que te barre entre los pies sin criterio alguno, (¿qué sabe que si lo hace ya no te casas? Jijiji, no ya en serio) de ella, hasta los gerentes que no pueden resolver ni el más mínimo contratiempo cuando de atención al cliente se trata. ¡Qué nos está pasando en Tijuana!, ¿o acaso es en todos lados?, ¿por qué hemos permitido que todo se deteriore? Primero fue el tránsito vehicular, ahora todos llevamos prisa, grotesca prisa, puedes ver cómo hay quien se pasa un alto y como si fuera un acto heroico no faltan sus imitadores, y lo peor, puede estar una patrulla o motociclista y nada dice, es como avalar una falta, luego la seguridad, y los gobernantes dijeron que todos éramos responsables y aun no sé qué parte nos corresponde a la gente trabajadora y de familia, ya ven que la cultura de la culpa rinde muchos frutos; la historia nos lo relata, ¿verdad religiones?, y todo se ha hecho un caos, ahora el servicio que recibimos en los mercados o tiendas deja mucho que desear. 1.- Primero, pagamos el estacionamiento en los centros comerciales y resulta que si pierdes el boleto cubrirás una cuota exorbitante, se te va el día entero porque los guardias se asumen como investigadores frustrados y usan su poder momentáneo para lucirse, pero eso sí, si te abren el carro y hurtan tus pertenencias o te lo roban por completo, ellos no son responsables, y lo permitimos. 2.- En los mercados se dan el lujo de que le des propina a un niño a un ancianito que te parte el alma con ese sentimiento o de culpa o solidario que nos caracteriza, “seguro en los mercados no alcanzan las utilidades para darles un sueldo y no tener niños trabajando que si no mal recuerdo es delito”, así que ve preparado para darle su propina al señor mayor que te empacó, luego resulta que no puedes sacar el carrito hasta tu vehículo, así que le das a otra persona para que te lo traslade, pues solo así permiten que salga el carrito, luego pagas el estacionamiento, ¡y pobre de ti si olvidaste sellar el boleto!, aunque traigas el mandado en el asiento de atrás y te llegue hasta las orejas o lleves la nota, te regresas a que te lo sellen o pagas la tarifa de lujo, y me faltó el “viene viene”, un mundo de subempleados que los clientes tenemos que solventar, y lo permitimos. 3.- Y los empleados, uff, les sonríes más tú a ellos que ellos a ti, gente sin la más mínima preparación para atender al público, sin cortesía, sin sentido del servicio, sin ganas de hacer bien lo que hacen, del saludo ya ni hablamos y lamento si les toca que te están cobrando y contándose de caja a caja su triste vida personal o los abusos laborales de la empresa... y lo permitimos. 4.- Y cuando haces fila para solicitar una factura o algún servicio, esperas respetuoso tu turno, la empleada ya te vio pues tienes allí buen tiempo, sigues esperando, y de repente llega alguien sin educación y se mete y es atendido, no se trata de confrontarnos nosotros, los empleados mismos debieran como parte de un buen servicio marcar el orden respetando los tiempos en una fila para ser atendidos, y lo permitimos, porque aquí cabe mencionar que cuando exigimos, aun con mesura, un buen servicio, los demás te ven como si tú fueras el conflictivo, no saben tal vez que un día pueden ser ellos los que se sientan así. 5.- Y las cajeras que no tienen cambio, ¡ellos son la empresa! El cliente debe ser bien atendido y no batallar porque no dan una dotación de necesarias monedas a la empleada, y lo permitimos. 6.- Y ya ni hablar de cuando requieres hacer algún reclamo o devolución, porque no se lo deseo a nadie, y lo permitimos. 7.- Y esos empleados a los que su nula preparación les hace pensar que si tú eres amable, considerándolos como personas dignas de respeto y amabilidad, ya creen que es pauta para un cortejo, (se lo mando decir a un guardia de un mercado de Otay), ¡qué falta de preparación para estos trabajadores que no saben la más mínima atención de cortesía o respeto al usuario!, eso va más allá de su propio pensamiento, si estuvieran bien instruidos sabrían sus límites, y lo permitimos. 8.- Como dama, llegas al área de salchichonería y después de soportar que todos te llamen ofreciendo sus productos, al puro estilo de los “jaladores” de la avenida Revolución, le pides por fin a uno, un cuarto de jamón, y él en doble sentido, sonriendo entre el montón de empleados dice: ¿quiere un cuarto señorita?... puedes decirle grosero, vulgar, hacerte la que no entendiste como Bob Esponja, reportarlo, ajá, en fin, hay opciones, pero su falta de respeto, ese imprevisto tan desagradable, ya te hizo pasar un mal rato, ¿qué necesidad? Deberíamos ser más exigentes, que las empresas profesionalizaran a los empleados, en la actualidad, ya de todo culpan a la inseguridad y a la mala situación económica, como cuando en un capítulo de Los Simpson culpan a los inmigrantes de que un oso se acercara al jardín de una casa, y eso nada tiene que ver, están malos, malísimos los sueldos, sí, pero una mala actitud no los va a arreglar, al contrario, los clientes ya solo vamos cuando es muy necesario. Capacitar a los empleados es una inversión, y así se extrañan los empresarios de que quien puede prefiere hacer largas filas para ir al otro lado, allá saben, en su mayoría, que uno al comprar un artículo está también comprando el servicio. Cuando menciono que lo permitimos, es porque esta situación del servicio al cliente sí tiene una solución, que es exigir, y lo podemos hacer todos de manera individual, no es como en la inseguridad o la economía que la estructura social hace que no es posible hacer cumplir a la autoridad en problemas tan complejos, aquí me refiero a exigir, hacer saber a esas cadenas de tiendas lo que no nos gustó y cambiar de local, aunque se que a veces pides hablar con el gerente y no sabes si es requisito que no posean criterio para ocupar ese puesto, ¡el cliente no es el enemigo señores encargados de las tiendas! Hagamos contraste con el caos que hay, siendo correctos, lo más correctos que seamos capaces de ser, seamos responsables de nuestros actos y sus consecuencias, así como exigentes de un buen servicio, yéndonos a las cabezas, muchas de estas empresas vienen de la Ciudad de México, si el gerente no soluciona nada, tienen teléfonos de atención a clientes, podemos hacerles saber las molestias del servicio, no me refiero a un empleado en particular, este caos es inconsciente en mucha gente, no son responsables de que no los capaciten, tampoco se trata de que como suele ocurrir, el hilo se rompa por lo más delgado, no sería justo, las personas necesitamos nuestro empleo, pero podemos exigir de manera general un mejor servicio. Y esa cultura de la propina está haciendo que la gente crea que su sueldo no es el pago a su labor, cada vez más se generaliza, eso de esperar propina es como decir: “merezco más y usted debe darme algo, me pagan poco, estoy siendo explotado”, ya estamos dando propina al del gas, al del agua, al de la gasolinera, ¿qué no deben pagarles un salario y hacer su trabajo?, la propina como tal, es una cultura en los meseros y asistentes de barra, ahora los varones aceptan el dinero de una dama con tal facilidad, como obligación, todo esto descompone la visión de que es nuestro deber como empleados hacer lo mejor, además de un sentido de poca dignidad, pues si alguien está trabajando por un salario es para lo que se contrató, y el empleador debe darle su sueldo acordado, sus prestaciones de ley y capacitación. Todos ocupamos provisiones, alimentos, servicios, hacer pagos, y no tienen que ser momentos de molestia o contratiempo, si uno es educado y cortés, debemos recibir lo mismo, esto es para quienes nos comportamos así, pues también hay gente prepotente, pero el tema ahora es el servicio de la gente común y respetuosa. Casi nadie nos escapamos de requerir con frecuencia esta interacción comercial, exijamos con firmeza y cortesía, no es una pelea, es una justa petición de los derechos del cliente y del tipo de atención que merecemos. Todas estas deficiencias acabaron con el turismo, es evidente, lo vemos en las calles antes visitadas, mas bien ya no los vemos, una cosa era ser sencillos y otra groseros y hasta abusivos, y ya dejemos ese mito de que esta ciudad es de paso, la verdad es que la mayoría se queda y que los nativos de la ciudad ya somos la mayoría, reparemos esto que se desordenó tanto, porque hacer corajes en una tienda o dependencia, solo agudiza la hostilidad en la ciudad, porque salimos de ahí con prisa para encerrarnos en nuestra casa que hemos equipado como búnker.