El niño no tiene miedo al odontólogo, ‘esta afirmación puede sorprender a muchos’. El instrumental, el sillón, tener que mantener la boca abierta…… Si todo esto causa pavor a un elevado numero de adultos, no digamos a los niños. Si los padres no han transmitido ese temor a su hijo, y este no ha pasado por una experiencia desagradable previa, el pequeño no acude asustado a la consulta dental, sino más bien con curiosidad. A muchos padres no les queda mas remedio que dejar de sentir miedo, porque sus hijos no lo tienen, o ¿no?
¿COMO DEBE DE SER UN BUEN PROFESIONAL?
La otra parte de la responsabilidad esta en manos del especialista, que debe saber evitar la experiencias negativas; su búsqueda ha de ser tan meticulosa como la del pediatra. Yo pienso que poseer la especialidad en odontopediatría es la mayor garantía. El odontopediátra tiene un conocimiento profundo de los aspectos generales de la infancia, del crecimiento, pediatría, psicología, desarrollo del lenguaje, fases evolutivas, socialización, etc... Todo ello aplicado al manejo adecuado de la conducta del niño en el consultorio dental.
Por supuesto que se parte de una predisposición hacia los pequeños pero no es suficiente; además se precisa el aprendizaje de unas técnicas de comunicación basadas, sobre todo, en el respeto al niño. Yo digo “por muy bien que hayamos arreglado un diente, si hemos provocado un conflicto en el niño, hemos fracasado; y si no logramos los objetivos de salud buco dental, por muy acertado que haya sido el trato, también hemos fracasado”. La finalidad es que desde la infancia, se adquiera el habito de acudir al dentista, sin miedos, y que se sigan sus consejos preventivos.
¿POR DONDE EMPEZAR LA BUSQUEDA?
En caso de que no se conozca a ningún odontopediátria, es posible comunicarnos al colegio o academia de odontopediatría de la localidad, donde se ofrecerá información. Estos centros son buenos puntos de referencia para atender a un niño.
¿PADRES DENTRO O EN LA SALA DE ESPERA?
Se suele preferir que los padres permanezcan fuera, en la sala de espera. Por un lado, así se evita que transmitan miedo o ansiedad a sus hijos; el niño lo siente muchas veces tan solo a través de la mirada de ellos. Por otra parte la comunicación entre odontopediátria y paciente mejora, ya que el niño se suele mostrar mucho más predispuesto a escuchar y colaborar. Hoy en día estamos concientes de la importancia de un control periódico de la boca, aunque quizás se desconozcan ciertos aspectos: Es fundamental vigilar como salen los dientes de leche y los definitivos, la forma en que se desarrollan y su funcionamiento. En los primeros meses de vida, el pediatra explora al bebe y comprueba su normalidad. Con la aparición de los dientes de leche, las pequeñas patologías que provoca su erupción han de ser motivo de consulta. A partir del año, es prioridad acudir al especialista cuando se ha producido un traumatismo, para evitar
repercusiones serias. Aunque lo ideal es reconocer al niño antes de los tres años, a partir de esta edad es completamente necesario para evitar problemas.
HAY QUE ENSEÑARLE AL NIÑO A IR AL DENTISTA.
Las funciones que el odontopediátria supervisa van más allá de las relaciones con la masticación; problemas en la pronunciación y en la respiración pueden tener su origen en alteraciones dentales. Es necesario enseñar al niño a ir al dentista, para que con su supervisión y consejos, se eviten alteraciones y posteriores tratamientos. Para mayor informacion contactar al DR. Ignacio Gomar Hernandez Tel: 664-680 22 21